Intervención de Uuc-kib Espadas, en la mesa, Elecciones Locales, en el marco del Foro: Encuestas y Elecciones 2021

Escrito por: INE
Tema: Discursos

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL (INE), UUC-KIB ESPADAS ANCONA, EN LA MESA “ELECCIONES LOCALES”, EN EL MARCO DEL FORO ENCUESTAS Y ELECCIONES 2021

Muchas gracias.

A la hora de hacer un balance sobre las elecciones locales en el contexto de las encuestas, o más bien, al revés, sobre las propuestas locales en sus procesos electorales, nos encontramos sin lugar a dudas con un escenario evidentemente heterogéneo que resulta de una dispar evolución de la producción de información y su consumo en los estados.

Estamos hablando de un proceso que ha sido cambiante en los últimos, por lo menos 15 años de manera constante, no diría yo que intensa, y en donde hemos transitado de momentos en los que ni siquiera eran exigibles, que no había ni siquiera una previsión de penalización parala ausencia de estos informes, a otro momento en que hay un seguimiento mucho más puntual de lo que se publica y en el que los informes de la misma manera se incrementan y tienen una mayor accesibilidad. No necesariamente un mayor consumo, cosa a lo cual, de lo cual hablaré más adelante.

A ver, este asunto de la evolución de las reglas. Hace algunos años, las reglas establecidas a nivel nacional eran fundamentalmente replicadas por los institutos locales, yo tengo por razones personales muy presente el caso de Yucatán, hasta el momento actual en que las reglas establecidas por el INE son directamente aplicables a las encuestas que se realizan a nivel de los estados.

Esto me parece un factor muy importante en términos de la confiabilidad que el público puede tener de lo que recibe como información de estudios demoscópicos.

Ciertamente, esto ha arruinado la comodidad de algunos encuestadores locales, hablo de esto, no hablando de terceros, sino hablando en primera persona porque durante algunos años yo me dediqué a hacer encuestas en el estado de Yucatán, en donde pues eventualmente un olvido a la hora de presentar un informe, probablemente ni siquiera fuera detectado, uno lo presentaba después y no pasaba nada, o a veces no se presentaba y no había una previsión de sanción.

Yo recuerdo en algunos de los primeros informes presentados que incluso al llegar a presentar el informe al Instituto Electoral, si no había algún directivo presente el personal no tenía mucha idea de qué se trataba esto.

Estos tiempos afortunadamente han cambiado, y esto permite que el público atento pueda saber si lo que está leyendo en un medio es una encuesta formal realizada con cierta seriedad metodológica, lo cual se puede confirmar por la existencia o no, en principio, de un informe y, por otro lado, en las características del propio informe.

Algo que no ha cambiado demasiado, tengo la impresión, es que la atención a los informes sigue siendo una atención muy menor, desde luego de parte del público en general, es decir, los informes de las encuestadoras no son un referente ni para el público en general, ni para los propios medios.

No es un tema que esté en discusión, como sí lo son los contenidos de muy distintas encuestas que en no pocas ocasiones, también sobre esto volveré, no sólo carecen de una información sobre sus características metodológicas, sino que ni siquiera se puede tener la certeza de quién y en qué condiciones fue producida.

En este proceso electoral y en 2021 nos encontramos una nueva dimensión a la hora de analizar la información disponible desde los institutos electorales de los estados sobre las encuestas.

Un primer dato muy relevante es que este año el 52 por ciento de los informes que se recibieron por parte de los 32 institutos electorales de los estados, se refiere a encuestas difundidas a través de redes sociales.

Atención, no me refiero a encuestas realizadas directamente en las redes sociales, sino a encuestas realizadas por empresas dedicadas a ello y que se reportan debidamente a los institutos cuando su publicación sólo se hizo en redes sociales y no en prensa, radio o televisión.

Esto forma parte de una transformación en las dinámicas de consumo informativo por parte del público en general que en este momento tiene ya una muy clara expresión en las encuestas de los procesos electorales locales.

Esto no fue así en 2018. Es la primera vez que la mayor parte de las encuestas informadas fueron publicadas a través de Internet. 

Otro elemento que me parece de suma relevancia en este proceso es el que queda fuera de los informes que recibe la autoridad electoral. De entrada, me parece que hay una primera gran selección, evidentemente, en términos de una primera autoselección, en términos de la calidad de las encuestas recibidas; es decir, aquellas encuestas de las que se entrega un informe con distintas características y que no de todas las encuestas que entregan informes podemos deducir la misma calidad metodológica o la misma seriedad de quien realiza el estudio, lo cierto es que sí nos habla de que un mínimo conocimiento de normas electorales y una mínima disposición a hacer público el procedimiento a través del cual se generó la información.

Me preocupa, sin embargo, algo que se puede desprender, al menos parcialmente, de las cifras. En 2021 los institutos electorales de los estados recibieron un total de 218 informes sobre encuestas, no sólo resulta evidente que se produjeron muchas más encuestas que esto, lo cual es normal en cualquier proceso y, en principio no significa ningún problema, puesto que muchas de las encuestas que se realizan en procesos electorales son encuestas de consumo interno para partidos, candidatos u otros actores políticos y sociales que tienen interés específico en el desarrollo de los procesos, pero que no tiene ninguna intención de difundir y, en consecuencia, no están obligados a informar sobre ello. Mi preocupación no va en ese sentido.

Lo que a mí me preocupa profundamente es la intensa difusión de encuestas que son a veces encuestas hechas con cierto nivel de informalidad y que se difunden, principalmente a través de redes.

Eventualmente alguna alcanza medios de comunicación tradicionales, pero no es una regla y, sobre todo, para decirlo con toda claridad, el hoyo negro que se ha generado de reportes de supuestas encuestas que son patentemente falsas, que no presentan ningún tipo de información metodológica o pretender dar información metodológica que no resiste el menor análisis técnico, que acusan una gran falsedad y que no circulan, necesariamente, ni siquiera en las redes de acceso más general como son Facebook o Twitter, sino que circulan muy intensamente, hay que decirlo, a través de los sistemas de mensajería.

Esto es un hoyo negro en términos legales, porque es absolutamente imposible que ninguna autoridad pueda verificar los contactos de mensajería que son contactos uno a uno, o incluso contactos grupales, pero que en todo caso se trata de comunicaciones privadas, en principio, y jurídicamente, pero a través de las cuales circula información falsa de todo tipo, incluidos presuntos informes de encuestas que, al análisis, son evidentemente informes fabricados con una pretensión específica, que, de generar un estado de ánimo, en un sentido u otro, dentro del proceso electoral, y que además están invariablemente centradas en el resultado de la elección misma y no en ningún otro tipo de elemento vinculado a esto como suele tenerse en otras encuestas, en encuestas reales cuyos informes son publicados.

En este sentido, a mí me parece que la reglamentación sobre las encuestas a futuro, tendrán que tener algún tipo de adaptación a estos procesos, no creo que puedan ser una adaptación especialmente exitosa en relación con las encuestas falsas que circulan a través de mensajería, pero que eventualmente, y siendo un tanto optimista, sí podría resultar en una mayor atención pública hacia las encuestas y en la evolución, quizá en el mediano plazo, del público receptor para discernir entre aquello que refleja realmente un estudio de opinión y otros esfuerzos de publicidad al margen de cualquier realidad.

Creo pues que, a pesar que, desde la perspectiva institucional, se ha avanzado mucho y se han –me atrevo a decirlo- colmado los espacios de lo que la autoridad puede hacer para darle al público confianza en cuanto a la rigurosidad metodológica de aquello que está percibiendo; quienes realizan encuestas serias, tienen un ruido ambiental severo que genera distintos problemas, esto independientemente de que periódicamente, unos u otros actores políticos -dependiendo de cómo les vaya en las distintas encuestas- las descalifican en general. 

Es decir, tenemos una dinámica el día de hoy en la que la información demoscópica no sólo es heterogénea, no sólo tiene calidades diferenciadas, y para efectos de lo que el público consume preferentemente de ello, que son posibles resultados electorales, no profundizaré ahora en el asunto de que las encuestas no pretenden ser ejercicios pronósticos, sino que se trata de procesos diagnósticos, pero la realidad es que al consumidor, lo que más le sigue llamando la atención es esta parte de las encuestas, donde en la fotografía del momento puede enterarse de más o menos cómo van los competidores y que en consecuencia, resulta en una preocupación más o menos honesta de distintos actores de incidir específicamente en eso.

Creo pues que más allá de la tarea institucional que se está haciendo, más allá del esfuerzo de las casas encuestadoras que cumplen con la normatividad electoral, el debate sobre el papel de las encuestas en los procesos electorales es un debate que sigue abierto y es un debate en el que existe mucho ruido ajeno a lo que son auténticamente los ejercicios demoscópicos.

Creo pues que en este momento como sociedad tenemos un problema importante no nada más en el consumo de las encuestas, sino en su meta consumo, esto es, la inmensa mayor parte del público que incluso con cierto criterio consulta encuestas, en muy poca medida consulta los informes que la autoridad hace públicos en relación con esas encuestas.

En relación con esas encuestas de esta manera es una muy buena medida ante la opinión pública las diferentes, encuestas de diferente calidad o incluso encuestas falsas, son consumidas como si se tratara de un solo producto como si se tratara de procesos semejantes.

Esto no es un problema específico de las encuestas, el consumo de información política tiene este severo problema las creencias, los temores, los prejuicios llevan a lecturas muy superficiales de cualquier información política y esto facilitado lo que se ha denominado la “post verdad”, en donde información a veces evidentemente falsa es consumida como si fuera información al menos con visos de realidad.

Sintetizaría diciendo que creo que realmente es hoy uno de los principales problemas que como sociedad tenemos a la hora de utilizar la información demoscópica como parte de la información pertinente para desde la perspectiva ciudadana adentrarse en los procesos electorales conocer los procesos electorales y poder sacar personalísimas conclusiones de lo que está ocurriendo en las elecciones de cada estado.

El escaso número de encuestas que se informan y la heterogeneidad es información fortalece mi temor de la de la importancia y me atrevo a decir gravedad de esta carencia de Cultura del consumo de las encuestas.

Si nosotros vemos el balance de encuestas informadas en este año, encontramos una serie de disparidades, algunas que derivan de cuestiones políticamente lógicas, por ejemplo, los estados donde se realizaron elecciones de gobernador tuvieron, obviamente, un mayor número de encuestas informadas, en tanto que aquellas en donde no hubo elecciones de gobernador tuvieron proporcionalmente un menor número de encuestas.

No se limita ya la heterogeneidad, hay diferencias entre estado y estado que dependen de las características políticas de los estados mimos, o de la intensidad de las elecciones que tuvieron lugar.

Así, por ejemplo, tenemos que en el estado de San Luis Potosí se reportan 21 encuestas, en tanto que, en Campeche, donde también se realizó elección de gobernador solamente se reportan cinco.

Creo pues, y concluyo con esto, que la tarea de hacer de las encuestas una parte natural, útil, pero, sobre todo, reconocidas socialmente como un instrumento de guía para la opinión ciudadana sigue siendo una tarea por construir. 

Es necesario que como sociedad avancemos en este aspecto como en otros en un consumo educado de la información demoscópica, no da igual leer una encuesta u otra, y saber de qué estamos hablando, implica también conocer cómo se produjo esa encuesta.

Me parece, pues, muy importante a futuro poner atención en esto, cómo estamos consumiendo, no nada más, qué información están generando las casas encuestadoras, sobre eso hemos avanzado muchísimo.

Pero tenemos también que saber cómo estamos consumiendo esa información y cómo podremos llegar a discernir a futuro dentro de este consumo los productos de calidad, la información auténtica de otra información que se difunde de manera mucho más extensa que estas 218 encuestas serias y que fueron una base importante no sólo de la deformación de la imagen pública de lo que ocurría elección tras elección, sino que fueron nuevamente, y esto es lo más grave, un ruido innecesario en el consumo general de las encuestas que genera, desde luego, un perjuicio, sí para quienes producen encuestas de calidad, pero, sobre todo para un proceso ciudadano en el que lo auténtico se mezcla con lo que no lo es y se genera un escepticismo más o menos amplio sobre la validez de estos, me parece a mí, indispensables ejercicios.

Muchas gracias.

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