Intervención del consejero presidente Lorenzo Córdova durante la mesa 1 del 4º Ciclo de Conferencias Sobre Gobernanza Electoral

Escrito por: INE
Tema: Coberturas especiales

 


Muchas gracias, muy buenos días a todas y todos.

Yo quiero comenzar, como han hecho mis colegas, agradeciendo mucho la gentil invitación, tanto de Flavia Freidenberg como de Khemvirg Puente. Un honor estar aquí en la Facultad de Ciencias Políticas en este evento coorganizado entre esta facultad y la que es mi casa académica que es el Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Y muchas gracias, también, por permitirme reflexionar a estas alturas después de las intervenciones de mis estimados y admirados colegas, el Magistrado Presidente, Felipe Fuentes y, bueno, quienes, con quien estuve en su momento el privilegio o de trabajar directamente o colaborar en el otrora IFE, el doctor José Woldenberg, la doctora Jacqueline Peschard y el doctor Jaime Cárdenas.

Pues gracias por permitirme, después de escucharlos me suena mi intervención ya a una especie de variaciones sobre el mismo tema, empezando por el inicio, porque iba a empezando hablando, por hablar de las alternancias. Lo tengo escrito, así que nadie pude acusarme de plagio respecto de la intervención, recién intervención de Pepe.

Pero bueno, en fin, creo que la discusión a partir de los puntos de coincidencia y de las divergencias, pues sin lugar a dudas, en un espacio como este resultará, espero, enriquecedor.

Yo comienzo con una, yo quiero abordar tres grandes temas, tres grandes puntos, pero quisiera comenzar con una especie de reflexión conceptual, más allá de que no busca coincidencias, sino busca simplemente y sencillamente un, o trata de ser un intento de ubicación en el momento histórico, digamos, de nuestra transición.

Quienes reflexionaron de la transición española a finales de los setenta y principios de los ochenta, identificaron dos grandes, digámoslo así, dimensiones de la transición que implicaron que el cambio de un régimen autoritario a un régimen democrático no se completara hasta que las dos, se decía, se sugiere, las dos dimensiones estuvieran finiquitadas.

La primera, una dimensión institucional y que, bueno, es fácilmente identificable en el caso español, que es probablemente el modelo de escritorio, digamos, no así para analizar las transiciones. Muere el dictador, viene u proceso de convulsión y de consensos políticos, se traducen los Acuerdos de la Moncloa, se pactan las reglas del juego democrático, se expide una nueva constitución, tan, tan, se acabó la transición desde el punto de vista institucional.

Y en la otra dimensión, es una dimensión desde el punto de vista político, que también fue muy rápida en España. Al cabo de tres elecciones todas las fuerzas del espectro político, ¡hombre!, eran dos, ¿no?, la derecha y la izquierda, por la vía electoral llegan al poder.

Nuestra transición ha sido mucho más compleja y creo que 2018, para los escépticos, en todo caso marca, respecto de una discusión sobre si la transición concluyó o no, marca el final de esa otra dimensión retomando, insisto, esta reflexión respecto de lo que ocurrió en España.

Nosotros hemos venido teniendo una construcción, digámoslo así, institucional de las reglas del juego y las instituciones del juego democrático de manera mucho más lenta y paulatina de lo que ocurrió en España.

Pero hacia mediados de los años noventa, si bien siguieron perfeccionándose más adelante, en su esencia las reglas del juego democrático ya estuvieron concretadas, es decir, desde el punto de vista institucional, repito, aunque seguirá habiendo una evolución a partir del futuro de las reformas electorales.

Para 1996 estaban dadas, y en esto, por cierto, coincido con la interpretación que en su momento José Woldenberg y otros hicieron en la Mecánica del Cambio Político.

Pero la dimensión estrictamente política, es decir, aquella que permite que todos los actores del juego se vayan beneficiando por las reglas del juego democrático y que, a través de las elecciones pacíficas con la garantía del voto libre, etcétera, accedan al poder, equitativas, etcétera, se culminó en 2018.

Es decir, en 2018 lo que tenemos es hoy ya elementos suficientes para dejar hacia atrás el tema de la transición, asumiendo que los desafíos de la democracia de esa germinal democracia, que cada vez está más consolidada, siguen presentes y son muchos, pero ya por la vía electoral, después de 2018 todos los, digámoslo así, las posiciones políticas del espectro ideológico nacional, derecha, centro, izquierda, por la vía electoral se han beneficiado de las reglas del juego democrático y han llegado al poder.

Esa es un primer posicionamiento que me parece que la vertiginosidad de los eventos políticos, que ese pragmatismo al que no solamente están encadenados los propios actores políticos, sino, muchas veces también quienes reflexionan sobre la vida política, la misma academia impide ver. Y creo que era importante para mí, para mí es importante plantearlo.

Segundo planteamiento de entrada, dentro del primer bloque que quiero desarrollar con ustedes que tiene que ver con, hombre, alguna serie de reflexiones respecto de las elecciones de 2018. En primero lugar.

Primera cosa, México a pesar de que yo sé que hay muchos que, tratando de construir una narrativa política, etcétera, una propia interpretación, auto justificador, auto justificatoria, ¡hombre!, la visión de los vencedores, dirían algunos, ¿no?, afirman que la democracia llegó a México en 1° de julio de 2018, y eso creo que es una falacia. México no llegó a la democracia el 1° de julio de 2018.

Lo que ocurrió el 1° de julio de 2018 es que se recreó una serie de reglas del juego que permitían que las condiciones de la competencia política en clave democrática desde hacía tiempo ya estuvieran ahí.

Y la prueba es justamente el que el fenómeno de la alternancia, ya desde hacía varios años se ha venido instalando como parte de la normalidad de la vida política del país, tanto a nivel federal como a nivel sub nacional.

Para decirlo en pocas palabras, como lo dice Michelangelo Bovero democracia no es sinónimo de alternancia, o al revés, que haya una democracia no significa que haya una alternancia.

Lo que hace a una democracia es que existan las condiciones institucionales, políticas, y sociales que permitan o que hagan posible, si así lo deciden los ciudadanos, la alternancia. Es la posibilidad real de la alternancia, no la alternancia per sé lo que hace a una democracia.

Y esta posibilidad real de la alternancia, como lo demuestran los datos duros, estaba ahí ya desde hacía mucho tiempo.

Un par de datos, no sólo lo que decía Pepe en su intervención.

En las últimas cuatro elecciones presidenciales ha habido tres alternancias del poder, que pueden gustar o no dependiendo de cómo nos va en la historia, en esa historia, en cada una de esas historias. Hay momentos en que la alternancia puede no gustar, hay momentos en los que la alternancia pueden gustar más, pero eso depende de los puntos de vista.

El dato duro es que en las últimas cuatro elecciones ha habido tres alternancias en la Presidencia de la República, y no es un dato más que objetivo.

Segundo dato o desarrollando esto, no es solamente la Presidencia de la República. Lo mismo se reproduce en el ámbito local, en el plano municipal, en el plano legislativo, en las elecciones de ejecutivos. La alternancia ya es parte del paisaje político ordinario de nuestro país desde hace varios años.

Un par de datos y que, por cierto, aquí sí me concentro en los últimos años, es decir, en el periodo posterior a la reforma de 2014 que transforma el IFE en INE.

En los últimos cuatro años, en las elecciones que van desde el 2015 a las de 2018 incluidas, tenemos el periodo de mayor alternancia por la vía electoral en toda nuestra historia política, nunca antes había habido, por la vía de las urnas, tantos cambios de ganador en la disputa por el poder político.

Un par de datos, ya se mencionaba, de 33 elecciones de gobernador que han ocurrido en estos cuatro años de elecciones, en 21, es decir, más del 63 por ciento de los casos ha habido alternancia.

Y ojo, no hay una sola fuerza política que haya sido beneficiaria de esta alternancia, todas las fuerzas del espectro político nacional, las primordiales, han sido beneficiarias de este fenómeno de alternancia.  Y lo mismo se reproduce en el plano de diputaciones locales, de alcaldías, de diputaciones federales, de senadurías.

Un par de datos adicionales. En el ámbito de las elecciones municipales, en el periodo que va de 2015 a 2017, aquí no incluyo el 2018 porque alguien podría decir “esto está sesgado por la avalancha de votos”, digámoslo así, el arrastre que tuvo la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

Bueno, en cada uno de estos años, de las elecciones municipales disputadas, en 2015 el 57 por ciento de las elecciones municipales tuvieron alternancia; en 2016 el 60 por ciento; en 2017 el 72 por ciento. Es decir, la alternancia ya estaba ahí y la alternancia es impensable si no hay reglas de competencia, no solamente conocidas, sino que permitan que las y los ciudadanos expresen libremente sus votos, esto no es el patrimonio de ningún partid político, es un patrimonio que la construcción de esas condiciones institucionales, entiéndase reglas, instituciones propiamente dichos, y procedimientos, que permiten que las y los ciudadanos votemos en libertad. No sería explicable esto de otra manera.

Segundo dato. Nada más para la crónica, a propósito de 2018 para la crónica y para el orgullo que deberíamos tener todos.

México hoy es el país, gracias a la introducción del principio de paridad en la reforma de 2014 pero, además, de una serie de acciones afirmativas que las autoridades electorales tomamos, muchas empujadas desde la arena de la jurisdicción electoral, otras desde la arena de la administración electoral, luego ratificadas gran parte de ellas por la autoridad jurisdiccional, que hoy nos permiten contar con el tercer congreso a nivel mundial en términos de presencia de legisladoras, sólo después de Bolivia y de Ruanda.

Esto es, digámoslo así, el resultado también de una serie de decisiones que hicieron de las elecciones del 2018 no solamente las elecciones probablemente, y lo digo yo, nada más faltaba que dijera lo contrario, las elecciones más libres de nuestra historia, pero también, las elecciones más incluyentes en ese sentido.

La semana pasada, por cierto, el INE recibió un premio a nivel internacional porque estas fueron unas elecciones en donde se aplicaron una serie de políticas de inclusión, no solamente en clave de género, sino también, en clave de discapacidad, también en clavo, digamos, pueblos originarios. Por primera vez tenemos 13 legisladores indígenas en virtud de medidas afirmativas que fueron tomadas por el INE y modificadas, potenciadas por el Tribunal Electoral; personas trans, etcétera, etcétera, etcétera.

Segundo gran conjunto de reflexiones, perdón, diría. Cuáles son los grandes temas si hay alguien que quiere en preguntas y respuestas, Flavia es inflexible con el tema, y me faltan dos grandes bloques de reflexiones, así que simple y sencillamente lo dejo en el tintero.

Sí bueno, también he visto que flexible es inflexible, pero no tanto, sólo que no sea sólo conmigo, pero bueno.

Dicho eso, yo creo que hay cuatro grandes temas de los que tenemos que estar orgullosos de las elecciones de 2018. Pensamos de las elecciones de 2018, no pueden, no tienen que ser vistas, nos equivocaríamos, como responsabilidad solamente de las autoridades electorales.

Siempre he sostenido que una elección que lleva a buen puerto implica el cumplimiento de una serie de corresponsabilidades de distintos actores, autoridades electorales, por supuesto, pero también partidos y candidatos, candidatos y candidatos, medios de comunicación, gobiernos que tienen una responsabilidad de no intervención en las propias elecciones y, por supuesto, medios de comunicación, por no hablar de las organizaciones de la sociedad y de los ciudadanos en lo individual.

Cuatro grandes temas. No abundo en ellos, pero los menciono.

El combate a las fake news, el combate a las noticias falsas o la desinformación, por cierto, bajo un modelo que es radicalmente opuesto al que ahora está prevaleciendo en Francia a partir de una serie de reformas que propuso el presidente Macron y que se establecieron, que se concretaron legislativamente en diciembre pasado por la Asamblea Nacional.

En Francia, el combate a la desinformación y a las noticias falsas se está centrando en la criminalización de las noticias, de la omisión, de la difusión y de, incluso de quienes son el conducto, las plataformas informáticas a través de las cuales se diseminan las noticias falsas.

Acá hicimos una apuesta por combatir la desinformación con información, y es al final, uno de los ejemplos de referencia a nivel internacional, lo dejo con un dato nada más, el INE es el único órgano electoral del mundo que ha logrado suscribir convenios de colaboración en el combate a la desinformación con las tres grandes plataformas de redes sociales globales: Facebook, Twitter y Google. Nadie más lo ha hecho y nuestros convenios, información pública, ya hoy son punto de referencia en todas las negociaciones que de cara a un proceso electoral las autoridades electorales de otros países están teniendo con estos gestores de redes globales.

Segundo gran tema, ya lo mencionaba, el tema de la paridad. ONU Mujeres ya hoy habla del mexican case para hacer referencia a todas estas medidas legislativas y acciones afirmativas que nos llevaron a tener un Congreso prácticamente paritario.

Tercer tema, el de la fiscalización.

Si alguien retoma las palabras, la propuesta de Jaime y se lleva la fiscalización, créanme que en el INE no vamos a poner mucha resistencia. Lo que sí es cierto, es que hoy el sistema de fiscalización que ha logrado desarrollar el INE es un tipo de sistema, incluso bajo la lógica de combatir esas cuestiones de corrupción.

Por cierto, nota a pie de página, no hay ninguna evidencia empírica, objetiva, de que haya dinero de la criminalidad organizada en las elecciones, eh. Se habla mucho de esto, hay libros que se han escrito, no hay ninguna evidencia empírica.

De lo que sí hay evidencia, y ahí es donde está el problema, es de desvío de recursos públicos hacia las campañas electorales. Y eso no es una suposición, el INE lo ha demostrado, al grado de que el modelo de riesgos sobre el que opera la fiscalización hoy en día. Modelo de riesgo quiere decir, no hacer la fiscalización bajo una lógica de escopetazo a ver qué pescamos, sino de generar mecanismos de inteligencia financiera para buscar, digámoslo así, a partir de lo que son conductas reiteradas que hemos identificadas de desvío o de uso indebido de recursos para ir a pescar con tiros de precisión.

La fiscalización en México, y lo dije alguna vez, y eso lo digo aquí en esta casa en donde mi padre fue profesor y en alguna vez me regañó y me contestó en los medios, injustamente y falsamente, sí lo digo, como lo dije entonces, el país en donde más se fiscaliza y mejor se fiscaliza a los partidos políticos en el mundo es en México y hay elementos para demostrar.

Y finalmente, el otro tema que es el de realizar elecciones en un contexto de complejidad, empezando por el de inseguridad, pero no sólo.

El próximo mes el INE va a firmar un convenio, por cierto, lo digo de una vez, con la Comisión de Venecia, es decir, con el órgano consultivo de la Unión Europea del Consejo de Europa, para la promoción de la democracia y la legalidad, mediante el cual el INE se va a convertir en el órgano de asistencia técnica en las misiones de asistencia electoral del Consejo de Europa. Por algo será, digo yo.

Segundo gran bloque sobre qué quiero hacer algún tipo de reflexiones y tiene que ver con el sistema de partidos, no es más que una serie de reflexiones complementarias a las que Jacqui y mis colegas han planteado.

Primer punto en este sentido. Lo que tiene que ver con el pluralismo y el cambio político.

Voy a decir una, algo que es evidente y en palabras que ni siquiera son mías, son de Pepe Woldenberg, y esa es la mejor prueba de que algo ha cambiado en México, no sé si para bien, no sé, yo creo que para bien, no sé si para mal, alguien puede pensar que para mal, y sin lugar a dudas, con esto no obvio todo lo que nos falta por hacer para resolver los grandes problemas estructurales algunos de los cuales aquí ya se han planteado, que son la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad y la inseguridad.

Pero en México, en 30 años pasó de ser un país prácticamente monocolor a ser un país cruzado por la pluralidad política, basta una ojeada al mapa de la representación nacional para poder entender este punto.

Segundo tema. La pluralidad es algo que se mueve todos los días, piensen ustedes lo que ha ocurrido en los últimos tres ciclos electorales, tres, cuatro ciclos electorales.

En 2015, en las elecciones intermedias de 2015 que tuvieron varias elecciones locales, por cierto, concurrentes, el PRI arrasó; el año siguiente, en la coalición de PAN y PRD arrasó; en 2018 MORENA y su coalición arrasó. Es decir, la pluralidad está instalada entre nosotros, pero además del pluralismo político es algo cambiante todos los días y eso me parece es el reflejo de un dato irrefutable desde mi punto de vista.

En México, las condiciones, a pesar de la pobreza, a pesar del clientelismo sobre el que Flavia ha escrito muchísimo, y en México los ciudadanos tienen la potestad de votar por quien quieran, esto que estoy diciendo no habría sido posible si eso no fuera así.

Tercer punto, en democracia, y esto cuidado, eh, la soberbia en política es mala consejera.

En nuestro contexto democrático nadie gana todo y nadie pierde todo, y miren que lo estoy diciendo después de una elección en la que hay alguien que ha hablado ya incluso de un tsunami. Y lo más importante, nadie gana ni pierde en elecciones de una vez y para siempre, tenemos una ciudadanía cada vez más atenta a pesar de las mediciones de la popularidad y demás, esas cambian todos los días que ya está asumiendo a la vía electoral como una vía no solamente para definir quién nos va a gobernar, sino también, para premiar y castigar las acciones de gobierno y eso me parece que es evidente si se toman, insisto, en los datos objetivos de los últimos ciclos electorales.

Tercer gran, cuarto gran punto en este bloque, y si me voy, voy a abusar Flavia, te lo aviso de una vez, pero no mucho, ¿no?

Ni el voto duro ni el dinero son condicionantes de triunfos electorales.

En 2018 y ahí eso lo pueden ver como los reportes de los gastos de campaña que hizo el Instituto Nacional Electoral el año pasado ganó la Presidencia, si ustedes excluyen al candidato independiente que estuvo en la boleta. Punto, no hago otras reflexiones.

Si ustedes excluyen a Jaime Heliodoro Calderón, de los tres principales contendientes ganó y por mucho el que menos dinero gastó y eso suele repetirse y no es un patrón, pero tampoco es un patrón que quien más gasta, gana elecciones.

Y el voto duro me da la impresión de que cada vez es menos determinante en los resultados electorales.

Y si eso es cierto, insisto, ahí están los datos que respaldan esa afirmación, no es una mera apreciación subjetiva. Si eso es cierto, estamos hablando de una ciudadanía cada vez más empoderada, en donde el ejercicio libre del voto es realmente lo que determina quién gana y quien pierde en las elecciones.

Repito bajo la premisa de que en democracia nadie gana, ni pierde todo de una vez y para siempre. Y una paradoja que nada más dejo anotada, porque estamos en un proceso que está abierto.

Todo en un contexto que ya anticipaba Pepe Woldenberg de un peligroso caldo de cultivo, porque este pluralismo está ocurriendo, este digámoslo así, dinámico pluralismo hoy está conviviendo con un descrédito y una desconfianza a las instituciones democráticas como pocas veces hemos visto.

En 2018, el promedio en América Latina de confianza en los partidos políticos está ubicada, según Latinobarómetro, en el 13 por ciento, En México en el 11 por ciento.

Y a pesar de eso, hoy que está en curso el proceso que permite la constitución de renovación de partidos políticos, al día de hoy tenemos 69 organizaciones de las 102     que al final manifestaron su intención de convertirse en partidos políticos, hay todavía 28 que podrían cumplirlo, que están mostrando o cumpliendo con los requerimientos de parte del INE que en los próximos meses pueden realizar asambleas reclutamiento de afiliados, etcétera, etcétera, para convertirse en partidos políticos.

Puede ser el tema del dinero, no lo sé. Lo que sí es cierto es que estas paradojas creo que son temas para la reflexión en facultades como ésta.

Y voy a terminar, más bien remitiéndolos en una larga entrevista que hoy me publica El Universal. Porque el último tema del que solamente voy a esbozar puntos cardinales tiene que ver justamente con eso y es de alguna manera de entrarle a la provocatoria intervención de Jaime Cárdenas a propósito de los controles, contrapesos y demás, pero que me importa dejar por lo menos asentado en sus grandes coordenadas.

Primero, estamos viviendo un contexto inédito en la vida política nacional. Porque no es la primera vez que el partido en el gobierno cuenta con una mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores.

Por las razones que ya explicaba Pepe Woldenberg, que esas serán motivo de otra reflexión, o deben ser motivo de reflexión en todo caso, pero es la primera vez que esto ocurre en un contexto democrático.

La última vez que tuvimos mayorías predefinidas en la Cámara de Diputados, fue justamente antes de que las condiciones institucionales nos permitieran elecciones democráticas o hablar de elecciones democráticas.

Y eso inevitablemente, digo, tendrá las razones que mencionaba José Woldenberg, también es producto de la expresión de las y los ciudadanos con sus votos el año pasado.

Eso nos está colocando en una situación de muchísima tensión y hay que lograr entender sin atavismos ni prejuicios, me da la impresión, porque es justamente en estos momentos, en donde las condiciones de gobernabilidad son más favorables, pero también, en consecuencia, las condiciones de potencial abuso en el ejercicio del poder lo son también, yo no estoy diciendo que esté ocurriendo, ni estoy diciendo que vaya a ocurrir, lo que estoy diciendo aquí si una reflexión  estrictamente objetiva  y hasta pragmática en el análisis de la política.

Desde hace dos mil 500 años, en el ámbito del estudio sobre el poder político, siempre ha habido una constante y una coincidencia, quien detenta el poder naturalmente tiende a ejercerlo de manera expansiva.

No es un problema de un partido. No es un problema de una ideología, no es un problema de un gobernante o de un gobierno, es parte de la naturaleza misma del poder.

Por eso la gran conquista civilizatoria de la modernidad, que significa la construcción de lo que hoy llamamos democracia constitucional, está precisamente centrada en la construcción de pesos, de contrapesos, de ciertos límites al poder que forman parte de las reglas del juego democrático.

Y creo que aquí los órganos constitucionales autónomos, que no somos los únicos ni pesos, ni contrapesos, ni somos (inaudible) de nadie, jugamos un papel fundamental, porque si hay algo que ha caracterizado a los órganos constitucionales autónomos en México, es que todos venimos de la sustracción de facultades que antes detentaba el poder Ejecutivo.

Todos sin excepción, bajo una premisa, se trata de funciones que no tienen que tener un sesgo político, uno y dos, se trata de funciones técnicas que requieren de un grado de profesionalización importante.

Hoy reflexionar en los pesos y en los contrapesos no es militar en contra de nadie, en contra del gobierno, en contra de un gobernante, en contra de un partido, en contra de una ideología, es militar a favor de la democracia constitucional que es justamente lo que nos ha permitido, por cierto, estar hoy donde estamos.

Muchísimas gracias.

 

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