Intervención de Lorenzo Córdova en la presentación del libro “En defensa de la política” de Bernard Crick

Escrito por: INE
Tema: Consejero Presidente

Gracias por la presentación, hicimos política Jaime y yo y decidimos que arrancaba yo para después hacer una reflexión a cuatro manos sobre el texto de Bernard Crick.

Lo primero es que es un gusto estar aquí. Agradezco mucho a todos ustedes la posibilidad de interactuar a propósito de este libro que como ya decía Beatriz, en efecto, es la segunda edición que el Instituto, ahora Nacional Electoral, antes federal Electoral, realiza de este texto.

Un texto que como ya señalaba la misma Beatriz no es un texto nuevo, no solamente porque hablamos de una segunda edición, de una nueva edición que en la que nos ocupa, la primera ocurrió a principios de la década pasada, sino porque el texto de Crick que es como se mencionaba un texto escrito en pleno, en el corazón de la Guerra Fría y en donde podría aparecer que la referencia o que el contexto lo coloca más como un libro de historia y no tanto como un libro con una actualidad, como estoy convencido la tiene.

Y diría que, a diferencia de la primera edición, de esta primera edición junto con el IFE hace alrededor de 18 años, ésta tiene una pertinencia todavía mayor por el contexto que hoy tenemos a nivel mundial y los desafíos que para las formas de gobierno democráticas hoy tenemos.

Es un texto sí, escrito en un contexto histórico muy particular, en un contexto político muy particular, pero es un texto que trasciende por mucho ese contexto.

Si uno pretende analizar los ejemplos, las citas, las referencias que el texto hace como la parte medular del propio texto, se está equivocando en la lectura del mismo.

Es un texto que trasciende el momento histórico y que aprovechó sí su momento histórico para poder hacer una reflexión de mucho mayor aliento.

Y es que la reflexión sobre la política tal como la entiende Bernard Crick, es una reflexión que bien podríamos decir hoy, se refiere a un tipo específico de política y en pocas palabras es la política democrática, porque sobre la política a lo largo de la historia del pensamiento ha habido una infinidad de reflexiones ha habido quien incluso ha reflexionado sobre la política identificándola con la Guerra en cuanto tal, con el fenómeno de eliminación.

La historia política del mundo es una historia centrada precisamente en la identificación y solución de los conflictos, mientras que, por el contrario, la política tal como la entiende Bernard Crick es una política que hoy podríamos decir la política en democracia o la política a partir de valores democráticos.

Es cierto, Crick y a eso me referiré adelante, coloca como uno de los desafíos de los riesgos de los enemigos de la política a la misma democracia, pero sobre eso me evoco más adelante.

La política como la entiende Crick, es decía la política democrática, en la medida en la que, para este autor, la política no es otra cosa, no es una lucha por el poder propiamente hablando.

No es una confrontación para generar un efecto o una lógica de dominación de uno o de unos sobre otro o sobre otros, sino por el contrario, la política, tal como Crick la entiende, es un mecanismo, una herramienta para poder permitir la convivencia pacífica, no violenta de los contrarios.

La política, tal como la entiende Crick es una actividad humana que busca o que pretende que la convivencia en un contexto de diversidad y pluralidad sea posible y sea posible sin derramamientos de sangre.

Sin anulación del uno al otro, sin una sobre posición inaceptable o de un dominio, digámoslo así, de uno sobre los demás, sino por el contrario, como la construcción de un entendimiento centrado en la tendencia hacia el compromiso que permita, que los distintos o quienes piensan distinto, que los diversos puedan coexistir de manera pacífica. Esa es la esencia de la política tal como la entiende Bernard Crick.

Bueno, Crick no lo dice, insisto, pero esa agregaría yo, glosaría yo, es la esencia de la política en democracia.

La lógica misma de la democracia, es decir, como ésta construcción civilizatoria de la humanidad y como la única forma que ha permitido que la disputa por el poder político se procese sin derramamiento de sangre, se procese con una lógica de inclusión de los diversos, con una lógica de tolerancia frente a quien tiene posturas distintas, y que permite a la convivencia de un gobierno, la existencia de un gobierno común, es exactamente digamos la misma lógica con la que Crick entiende la política.

De alguna manera, democracia, tal como ha sido entendida en tiempos modernos, en clave moderna coincide con la idea de política que el propio Crick reivindica.

La política, pues, para Crick es la lógica misma del entendimiento, insisto, la posibilidad de sintetizar posturas contrarias bajo la premisa de conciliar a los diversos y bajo la premisa de la que Crick parte, de que la pluralidad es una de las características definitorias del mundo moderno.

Dice Bernard Crick y así es el título “En defensa de la política”, de esta política o de la política entendida de este modo, que la misma tiene que hacer las cuentas, este modo de entender la política, tiene que hacer las cuentas con una serie de enemigos de la propia política.

Y más allá, digámoslo así, del elenco que el propio Crick relata, identifica, de los enemigos de la política, que son las ideologías, la democracia, paréntesis, ahora explico el punto, porque parecería contradictorio con lo que he mencionado, el nacionalismo, los nacionalismos, la tecnología, los falsos amigos como estos postulados ideológicos por los que uno está dispuesto a matar, sin mediaciones, el conservadurismo, el liberalismo, el socialismo, el comunismo, etcétera.

En realidad, son todas éstas, estos enemigos de la política, expresiones del pensamiento único, expresiones del entendimiento de una sociedad bajo una lógica de homogeneidad y no del reconocimiento de la diversidalidad que la caracteriza.

El entender a una sociedad como algo homogéneo, llámese como se quiera llamar, pueblo a la Rousseau, comunidad, nación, patria, etcétera, son todas expresiones que anulan la lógica de la diversidad y la pluralidad al interior de una comunidad política determinada.

Es decir, todas éstas son expresiones que tienden a homogeneizar, a uniformar lo que, en los hechos, dice Crick, es diverso.

Por eso todas las posturas que apuntan a esta concepción homogénea, uniforme del mundo son todas enemigas de la política, entendida esta última, como decía, en la clave de la técnica que permite o las herramientas que permiten que los diversos convivan, se pongan de acuerdo y tomen decisiones que obliguen a todos.

El pensamiento de política, si alguien es entendido sobre estos temas, el pensamiento de política a la Crick es algo muy semejante, por no decir equivalente a la lógica de la esencia de la democracia tal como la ha planteado Hans Kelsen.

Kelsen decía que la democracia es el único régimen que permite la convivencia pacífica de la pluralidad política-ideológica bajo una premisa, la tendencia al compromiso.

Kelsen como Crick identifican en la existencia de mayorías que se imponen, que aplastan, que inhiben y, eventualmente, que eliminan a las minorías como la expresión de la anti política. Igual que Kelsen identifica a la homogeneidad, a la exclusión, al avasallamiento de las minorías como la expresión de la antidemocracia.

Es cierto, decía, Crick dice que uno de los enemigos de la política es la democracia, pero no la democracia como la acabo mencionar a la Kelsen, sino a la democracia entendida como la mera técnica, la mera regla de que la mayoría decide, sin tomar en cuenta, sin escuchar, sin incluir a las minorías.

La democracia entendida como mera regla de la mayoría, soy mayoría y por lo tanto yo decido, esta lógica de visión homogénea, digámoslo así, del cuerpo político, es justamente el tipo o la idea de democracia de la que Crick dice es enemiga de la política, de la política entendida como la inclusión, de la política entendida como la tendencia al compromiso.

Dicho en otras palabras, y vuelvo al punto, aunque no lo dice Crick, yo lo que estoy tratando aquí de hacer una síntesis, porque en los tiempos que corren decir que defender la política como lo quiere hacer Crick diciendo que la democracia es uno de los enemigos implica poner las manos al frente y decir: cuidado, no es la democracia tal como la entendemos o como la plantea Kelsen, porque en ese sentido somos más sinónimos.

Es la democracia entendida como el ya gané y aquí mando yo. Es la democracia entendida como yo tengo, yo represento la mayoría y, por lo tanto, las minorías no cuentan.

No es la democracia entendida a la Kelsen como la inclusión de la diversidad para, a través de una serie de procedimientos incluyentes, justamente, apuntar hacia la que Kelsen definía la esencia y valor de la democracia.

Es decir, la tendencia al compromiso, y el compromiso, es decir, el acuerdo, el acuerdo al que Crick se refiere justamente como el propósito de la política: el consenso.

Kelsen dice que el compromiso, el acuerdo, es que no exista ninguna decisión que sea totalmente conforme a los intereses de una parte y que sea totalmente ajena, excluyente de los intereses de las otras.

La esencia de la democracia a la Kelsen y de la política a la Crick es precisamente el respeto a la diversidad, el entendimiento de que no existe en una comunidad un todo, sino que en todo caso el todo es una suma de muchas partes.

Partes que no son necesariamente iguales, que no necesariamente creen lo mismo. De ahí que las ideologías en el sentido con el que se entendía éstas en la época de la Guerra Fría, comunismo, liberalismo, capitalismo, etcétera; son peligrosas para la política.

Piensen en McCarthy, la defensa del capitalismo, de las libertades entre comillas, centrada en la eliminación, en la persecución, incluso en la criminalización de quien piensa distintos, de quien era comunista.

Las ideologías así entendidas, como elementos impermeables, que no tiene ninguna posibilidad de convivir pacíficamente, son enemigas de la política, y yo agregaría, son enemigas de la democracia.

El mundo de hoy es un mundo muy complejo, un mundo donde existe un reconocimiento de una crisis de la democracia y a la Crick, podríamos decir incluso una crisis de la política.

Un mundo en donde estamos viendo el surgimiento de visiones bipolares, maniqueas, de blanco y negro, en donde la descalificación del contrario, de quien no piensa igual que uno está a la orden del día.

En donde el actor político, se identifica como quien expresa la voluntad de algo presuntamente homogéneo, puro y positivo.

En donde quien no está conmigo, esta contra ese colectivo, contra el pueblo y no se hagan bolas, estoy pensando en Estados Unidos, por supuesto, Trump es el ejemplo de la anti-política a la Crick y muchas de las expresiones que lamentablemente no se concentran dentro de la Unión Americana, sino que constituyen las verdades amenazas para la democracia y la política de la Crick.

Hoy publicar un libro en defensa de la política, entendiendo la política como Crick lo hace, es también una manera de decir, que tenemos que defender a la democracia.

Crick, además, con una gran claridad nos permite identificar, digámoslo, así, a los valores de la propia democracia, como los valores que persigue y protege la política.

La tolerancia, la inclusión, el respeto y no estoy hablando solamente de un respeto lingüístico, es decir el respeto entendido como la no vulgaridad. Pero bueno, aquí en la FIL, creo que no hay que hablar mucho de ese tema, al menos no en esta FIL.

Del contrario, constituye la esencia de la convivencia pacífica, no entender esto, partir que la política, o entender a la política como la descalificación, la identificación de quien no piensa como yo, la estigmatización de quien no comulga con mis ideas, es el mejor camino para abrir la puerta para encaminarnos hacia derivas autoritarias.

Y dado que estamos hablando de una concepción particular de la política, quiero cerrar mi intervención, haciendo referencia a la némesis de la concepción de la política que Bernard Crick nos siguiere y defiende, la de otro gran autor del siglo veinte, que redefinió la política, en sentido contrario a la que hace Crick que es Carl Smith, a diferencia de la política a la Crick, entendida, repito, como respeto, inclusión y tendencia hacia el consenso, hacia al acuerdo político de quien piensa distinto como una manera de recrear, y dicho a la Crick, como la manera más elaborada de la civilización, como el ejemplo, como la actuación civilizatoria por excelencia.

Schmitt, por el contrario, identifica la política como el conflicto, como la relación amigo-enemigo, como la identificación del contrario.

No solamente por una cuestión de identidad; definir a quien piensa distinto a mí, identificar a quien piensa distinto a mí, me sirve para identificar, por el contrario, a quien es similar a mí; homogéneo a mi pensamiento, identificar al enemigo me permite identificar a mis amigos.

El problema es que la lógica amigo-enemigo; los que estamos de un lado y los que están contra nosotros, implica, hasta en términos retóricos –olvídense de la política práctica-, hasta en términos retóricos, una lógica a descalificar, en el mejor de los casos; en el peor de los casos, a eliminar a quien no está contigo.

La lógica de amigo enemigo que sostiene Carl Schmitt es la identificación de la política en torno al pueblo, no lo digo yo, lo dice Carl Schmitt, frente a sus enemigos.

En esa interpretación de la política, la política se entiende no como inclusión, no como compromiso, no como convivencia pacífica de la diversidad y de la pluralidad política e ideológica, sino como la negación y la aniquilación de quien piensa distinto.

No es casual que Bernard Crick sea un autor que se inscribe en una larga tradición del pensamiento político democrático que viene de Kelsen a Bobbio, hasta nuestros días, y Carl Schmitt haya sido el autor, ideológicamente hablando, de uno de los peores experimentos antidemocráticos, totalitarios del siglo XX: el régimen nazi.

En los tiempos que corren, recordar a Crick, más allá de esa vocación histórica y que nos ilustra, un momento de gran tensión, desgraciadamente el mundo bipolar de la Guerra Fría es particularmente importante porque constituye una buena receta del actuar político, hoy en día, para salvar a la democracia y evitar que volvamos a esa lógica que tanto daño le hizo a la humanidad en el siglo XX.

Leer a Crick hoy es leer una advertencia que nos viene del pasado como una receta para salvar lo que tan trabajosamente hemos logrado construir.

Y en un país que apenas está gozando de una etapa de consolidación democrática, conocer de las advertencias que se ciñen sobre la democracia en el mundo, es una buena manera para continuar en la ruta de la consolidación y no de una erosión, muchas veces imperceptible, muchas veces inentendida de la democracia como está ocurriendo en muchos lados del mundo.

En fin, yo lo dejo aquí y le doy la palabra a mi colega.

Versión estenográfica de la intervención del Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova, durante la presentación del libro “En defensa de la política” de Bernard Crick, realizada en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) 2018

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