Discurso de Lorenzo Córdova en la Inauguración del Foro Desinformación digital en México. Lecciones y perspectivas poselectorales

Escrito por: INE
Tema: Consejero Presidente

Muy buenos días a todas y todos.

Saludo antes que nada a Keila, Judith, a Mariana, de manera muy particular y agradecida por la convergencia de las distintas instituciones convocantes a este evento, en los esfuerzos que nos tienen aquí, para discutir un tema que como ya decía Keila, está lejos de estar terminado, es un tema que llegó para quedarse y es un tema difícil para repensar las democracias del futuro.

Déjenme partir de una premisa, las redes sociales llegaron para quedarse y las redes sociales representan un poderosísimo mecanismo de comunicación que como lo han demostrado distintas experiencias, puede ser útil y fundamental, y tan poderoso como para debilitar, agotar e incluso, derrocar gobiernos autoritarios, como lo revelan las experiencias de la así llamada Primavera Árabe.

Sin embargo, las redes de comunicación son tan débiles al final, en términos democráticos, que hoy ninguno de los países de la Primavera Árabe es una democracia. Si acaso, Túnez está en un proceso lento, paulatino de democratización con la esperanza de irradiar la democracia en esa zona.

Creo que hoy podemos decir algo con objetividad, y con mucho realismo, el sueño, la euforia, déjenme decirlo así, con la que la llegada, la instauración, la difusión de las redes sociales como mecanismo de comunicación llevaron a algunos hace apenas algunos años, ni acaso una década a sostener que con las redes la e-democracy era inevitable.

Lo que sí es cierto es que las redes per se no necesariamente generan democracia, las redes horizontalizan la información, pero también son un terreno fértil para que fenómenos lascivos para la democracia, como la desinformación, aquí ya mis colegas han puesto sobre la mesa algunos casos que son casos de estudio ya, sin lugar a dudas el día de hoy, implican un desafío para las propias democracias.

Pero realistamente, tenemos que asumir que las redes llegaron para quedarse, y las redes, sin lugar a dudas, van a modelar no solamente, y han modelado, ya lo han hecho, los mecanismos en las que las personas, las y los ciudadanos, las personas en general nos comunicamos, sino tienen un impacto directo en los modos de interrelacionarnos, y por supuesto en la convivencia social y por ende, en la convivencia democrática.

El problema no es un problema de fácil solución, y las soluciones no son únicas. Francia, una nación de las que impulsó, digamos, el surgimiento de la vida democrática en el mundo, hoy en día está apostando por una ruta de regulación, de penalización, es decir, de punibilidad a la desinformación. Y no estoy cierto que democráticamente sea la mejor manera de hacerlo.

En México apostamos por una lógica distinta, pero vuelvo al punto que señalaba Keila, no hay una solución única y uniforme para enfrentar este problema, y por supuesto que los contextos hacen la diferencia, el fenómeno nos aqueja a todos, las soluciones son distintas. En México en este Proceso Electoral, que sin lugar a dudas, dista mucho de ser un paradigma único, pero creo que es un buen ejemplo para discutir desde un punto de vista comparado como un estudio de caso exitoso, apostamos por una ruta diferente, por una alternativa distinta, que fue la de combatir la desinformación con información.

No quiero ahondar sobre este tema, porque si no, me voy a quedar sin materia para la próxima mesa en donde generosamente tendré que exponer el caso, se me ha permitido exponer el caso mexicano, pero creo que es importante señalar que en esta materia no hay soluciones únicas, pero sí hay un problema común. Y esto, sobre todo, en un contexto en el que el Internet está cada vez más cobrando una presencia no solamente, una presencia mayor, no solamente como mecanismo de información, las cifras son evidentes, Latinobarómetro del año pasado, habrá que esperar las cifras de este año, que es en pocas semanas serán hechas públicas.

Latinobarómetro señalaba que en 1996 la televisión era, para el 75 por ciento de la población en nuestras sociedades, el principal medio para enterarse de los asuntos políticos, la radio lo era para el 46 por ciento y los periódicos y revistas para el 47 por ciento.

En 1996 el Internet era prácticamente inexistente, como una ruta para entendernos y enterarnos de las cosas públicas.

Para 2017, el uso de estos medios había cambiado de manera significativa, la televisión prácticamente tuvo una caída marginal, bajó a 73 por ciento, sigue siendo en nuestras sociedades el principal medio de información, la radio cayó 13 puntos, los medio impresos y revistas cayeron, periódicos y revistas cayeron 27 puntos, y la Internet es el medio fundamental para uno de cada cinco habitantes de nuestras regiones, para enterarse de los asuntos políticos.

En temas de la inversión que las campañas están teniendo en las redes sociales, estamos viendo y estos son datos exclusivamente de México, México tiene el sistema más robusto de fiscalización de los que existen en la región, y me atrevo a decir de los que existen en el mundo, aunque por lo que hemos podido ver en horas recientes, hay mucho todavía por hacer y por consolidar en términos de la actuación de las autoridades electorales en esta materia, y sin embargo, los datos de la fiscalización arrojan claramente cómo de un año a otro, si comparamos el porcentaje de gasto realizado en las campañas electorales, en las elecciones locales, cierto, de 2017, y los comparamos con la inversión que se hizo en publicidad en redes sociales en este año, tenemos un crecimiento que el año pasado nos arrojaba, que pasó de un dos, tres por ciento de inversión de gasto en las campañas a redes sociales, aun gasto que llega al 15 por ciento, en un año.

Es decir, cada vez más estaremos ante una presencia de utilización de las redes sociales como un mecanismo cada vez más privilegiado, no solo para informarnos, sino también para hacer política, para hacer campañas.

Ésta es la realidad en la que estamos y vuelvo al punto, hay alternativas radicales ante la preocupación, pero creo que nadie quiere llegar a los extremos de países como Arabia Saudita, en donde simple y sencillamente se baja el switch y las redes dejan de ser un problema.

Creo que la solución es como en un contexto democrático, enfrentamos este desafío para la democracia sin claudicar de la lógica misma que supone la democracia.

Creo que es un momento para, ni santificar ni exagerar los efectos potencialmente virtuosos de la comunicación que permiten las redes, ni satanizarlas y excluirlas, digámoslo así, o marcarlas como la némesis de la convivencia o, digamos, de la lógica del funcionamiento de la convivencia democrática.

Las redes nos van a dar lo que queramos de ellas, ni nos van a dar, ni más ni menos, las redes son mecanismos de comunicación, las redes, es cierto, horizontalizan la comunicación, permiten un acceso que podría aparentemente ser más democrático, pero paradójicamente, el mundo de las redes es un mundo autorreferencial.

Pensar que con un tweet, o con un post, o con un vídeo estamos generando una comunicación plenamente horizontal y simple y sencillamente no ver lo evidente.

Al final del día, lo que la red supone son comunidades en muchas ocasiones aisladas que no tienen referencia ni comunicación entre sí, a las redes hay que analizarlas con mucha objetividad y hay que diseñar estrategias para que sean funcionales a la vida democrática bajo una premisa, no lo son en automático.

La discusión pública, en democracia, requiere, y ha requerido desde la antigüedad clásica, un componente fundamental que es la responsabilidad de quienes interactúan democráticamente en la deliberación de los asuntos que nos ocupan a todos.

Y hoy las redes, son un espacio en donde esa responsabilidad se diluya, en donde el anonimato incentiva en muchas ocasiones, las peores pulsiones de la convivencia social, no voy a hacer jamás un discurso en contra de las redes porque sería hacer un discurso en contra de la misma historia, las redes llegaron para quedarse y cada vez más serán el mecanismo de interacción social.

El desafío que tenemos como sociedades democráticas es cómo democratizamos con todo lo que supone en términos de valores, principios, ejercicio responsable de la discusión pública, la discusión, la interacción que ocurre en las propias redes.

El desafío es que las redes sean no un espacio de opacidad, sino un espacio de transparencia que es indispensable para la recreación de la democracia, el desafío es cómo hacemos que las redes, la desinformación que no es un fenómeno nuevo, digo esto, las noticias falsas son un fenómeno que ha acompañado a la vida política desde la antigüedad clásica, hoy nos espantamos porque lo que hoy tenemos es un mecanismo poderosísimo con una penetración cada vez mayor para dispersar, para diseminar noticias falsas, pero las noticias falsas, la difamación como herramienta, como instrumento, digámoslo así, de la acción política han existido desde hace muchísimo tiempo.

El problema es cómo logramos que ese fenómeno no se convierta en un fenómeno disruptivo que termine por alterar las dinámicas propias e indispensables de un sistema democrático.

Y buena parte de la respuesta, me temo, estará en la cultura cívica, el problema es que tenemos que construir ciudadanía en un contexto inédito hasta ahora, el contexto del mundo digital.

La mejor solución frente a la desinformación, es un ciudadano que no en automático disemina la información que recibe a través de las redes sociales, sino un ciudadano que se convierte uno a uno en un ente que responsablemente interactúa con las redes sociales, que antes de dar un re tweet, antes de dar un like, antes de multiplicar un mensaje, verifica información.

Lo peor que nos puede pasar es que nos ocurra con las redes, y por allá vamos, lo que se decía hace 30 años, lo dijo la televisión o lo dijo el radio, debe ser verdad; un ciudadano que diga “lo dicen las redes sociales, debe ser verdad”, es un ciudadano que va a ser disfuncional para una recreación adecuada de la democracia.

Vuelvo al punto, las redes no son la némesis de la democracia, pero tampoco generan democracia en automático. El desafío que tenemos es cómo logramos generarnos así, en plural, contextos de exigencia, para ser de esa que inevitablemente esta llamada a ser, no la nueva ni la única arena pública, pero sí un espacio fundamental de la interacción social, el mundo digital, un espacio en donde la democracia se enriquezca y no un espacio en donde la democracia se agote, porque vista la inevitabilidad, la irrupción que han tenido las redes sociales o amoldamos nuestro comportamientos, nuestras actitudes, llevamos los valores y principios democráticos a la interacción en ese mundo, o simple y sencillamente convertiremos esto en una especie de lucha contra molinos de vientos que está destinada al fracaso, y nadie puede permitir, menos después de lo que le ha costado a la humanidad el vuelco democrático, que con los riesgos que siempre ha tenido, hoy vivimos un agotamiento en virtud de algo que puede y debemos volverlo en una lógica potenciadora de la democracia, y no en su enemigo, no en su némesis que es el mundo digital.

Sin ilusiones, y sin catastrofismos, tenemos que enfrentar esta nueva realidad y la reflexión antes la falta de soluciones únicas, el análisis comparado, el nutrirnos de experiencias exitosas que enfrentan estos problemas comunes es, probablemente, la mejor manera de enfrentar estos desafíos.

Por eso celebro, por un lado, la incisiva insistencia del NDI que hoy nos ha tenido, que nos tiene reunidos aquí y que además está en esta a venturosa lógica generando, como decía, sinergias, con otros aliados estratégicos como es COMEXI y como es la Latam Digital.

Muchísimas gracias.

Versión estenográfica de la intervención del Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova, en la Inauguración del Foro Desinformación digital en México. Lecciones y perspectivas poselectorales

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