Más que noticias falsas: tres expertas explican cómo la desinformación daña la democracia 

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Más que noticias falsas: tres expertas explican cómo la desinformación daña la democracia 

Alertas sobre plumas que se borran, avisos de urnas cerradas o boletas prellenadas son algunas de las mentiras más comunes en América Latina durante los procesos electorales. Sin embargo, la desinformación que afecta la democracia no sólo pone en riesgo nuestra toma de decisiones a la hora de votar, también polariza, reproduce la opresión de género y tiene consecuencias en la vida cotidiana. 

Por eso, tres mujeres periodistas especializadas en verificación de hechos (fact-checking)  nos cuentan por qué es importante combatir la desinformación electoral. 

“La desinformación pone en riesgo nuestro futuro como sociedad” 

Para Daniela Mendoza Luna, periodista mexicana y directora del medio de fact-checking Verificado MX, el proceso electoral nos da la oportunidad de tomar las decisiones que nos van a afectar o beneficiar por el resto de nuestra vida. 

 “Y cuando la desinformación nos coloca en una situación en la que tomamos una decisión sin la información adecuada, estamos poniendo en riesgo nuestro futuro y el de otras generaciones”, advierte.   

Olivia Sohr, periodista argentina y directora de Impactos y Nuevas Iniciativas en el medio de fact-checking Chequeado, advierte que la desinformación que puede generar una idea de fraude, “pone en duda la legitimidad de nuestros procesos democráticos, pone en duda los resultados de esas elecciones y eso puede ser gravísimo para nuestras democracias”. 

Para Carolina Méndez Valencia, periodista boliviana y Project manager de IWPR, una organización dedicada a fortalecer el periodismo en América Latina, el avance de la inteligencia artificial facilita la creación de contenido falso en comparación con hace cinco años.  

“Lo que estamos consumiendo (en redes sociales) es como comida chatarra. Nos va a hacer daño y obviamente le va a hacer daño también a la institucionalidad, a los procesos democráticos, a la convivencia, incluso porque puede de alguna forma alimentar conflictividad o polarización”, señala.  

“La desinformación electoral aviva los enfrentamientos”  

Carolina Méndez explica que la desinformación electoral aviva los enfrentamientos y no se queda solamente en una noticia falsa que circula en redes sociales. 

“Se traduce en enfrentamientos entre personas, en conflictividad en las calles, que se pudieron haber evitado. La desinformación nos hace mucho daño, nos polariza todavía más”. 

Daniela Mendoza coincide, e insiste en que la desinformación que nace en redes sociales tiene el potencial de afectar la realidad. Dice, por ejemplo, que la desinformación ha contribuido a agravar crisis de salud pública, como el reciente brote de sarampión asociado a narrativas falsas sobre las vacunas en Myanmar.  

Organizaciones en defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y medios como The New York Times han documentado cómo en las redes sociales, principalmente en Facebook, se difundieron historias falsas, discursos de odio y propaganda contra la población rohinyás, una minoría étnica compuesta en su mayoría por personas musulmanas. 

Entre 2016 y 2017 hubo asesinatos,  violaciones y la migración humana masiva más grande de la historia reciente. 

“No nos damos cuenta de cómo, incluso una supuesta broma, va activando cosas en la cabeza de las personas, va polarizando opiniones y eso puede ser letal”, advierte Mendoza. 

“Con la desinformación se ataca a las mujeres en la política” 

Carolina Méndez explica que la desinformación también se instrumenta para ejercer violencia política en razón de género contra las mujeres. Dice, por ejemplo, que en Bolivia se ha observado desinformación sobre el liderazgo de mujeres, que emplea estereotipos de género y vulnera su vida privada y la de sus familias. 

Por ejemplo, se inventan rumores sobre su intimidad mediante la difusión de fotos falsas o editadas con inteligencia artificial (deepfakes); se inventan romances inexistentes para menoscabar su capacidad intelectual; o aseguran falsamente que sus acciones son guiadas por un hombre que les dice qué hacer. 

“Ese tipo de violencia es muy particular porque afecta a las mujeres y a las disidencias. Hay que notar la diferencia, porque lo que se busca es un disciplinamiento para que se excluyan de estos espacios de poder”, destaca. 

Carolina explica que, con afirmaciones falsas sobre las mujeres candidatas lo que se busca es “básicamente decirles: están queriendo ocupar un espacio que no les corresponde”. 

“Escala al punto tal de afectar la dignidad de las personas, incluso involucrarse con su familia, con su intimidad, y obviamente eso les afecta bastante y eso se traduce en que las mujeres por lo general evitan algunos espacios donde saben que van a ser atacadas”, señala. 

Daniela Méndoza coincide, y advierte que mucha de la desinformación que se genera termina perjudicando a los grupos históricamente vulnerados, como niñas, adolescentes, mujeres, personas de la diversidad sexual y personas indígenas.  

“Y esto es terrible porque entonces se vuelve parte del sistema de opresión y va polarizando opiniones”, señala.   

“Tener acceso a buena información es clave” 

“Para que podamos protegernos de la desinformación y tomar decisiones informadas, es importantísimo contar con buena información, que esa información no sólo exista, sino que sea accesible, que le llegue a la ciudadanía en los momentos críticos en que necesitan tenerla”, destaca Olivia Sohr. 

En este sentido, Daniela Mendoza señala que tenemos tanta información que a veces no sabemos cómo empezar a utilizarla, a discernirla y cuál de este contenido es verdadero y cuál no. Precisamente por ello, se vuelve indispensable el periodismo de verificación de hechos o fact-checking.  

“Yo creo que la verificación es un tipo de periodismo que tiene esta misión de ser facilitador de la comprensión del mundo, de ser un acompañamiento para las personas”, describe. 

“Lo primero es ser muy conscientes de que no todo el contenido que está en redes tiene sustento. Por eso, hay que desconfiar absolutamente de todo hasta que se muestre lo contrario”, comenta Carolina Méndez. 

Para ella, es fundamental que cada persona se sume a la batalla contra la desinformación y puede comenzar por no compartir nada si no saba si es real, consultando fuentes oficiales y contrastando datos con ayuda de periodistas que se dedican a la verificación de hechos.  

También advierte que, actualmente, la desinformación es un negocio que, según investigaciones periodísticas, ya se oferta como parte de paquetes de estrategia en la comunicación política. 

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