
Muchas gracias, Consejera Presidenta.
Buenas tardes, consejeras electorales, consejeros electorales, señoras, señores, representantes de los partidos políticos y de los grupos parlamentarios, servidoras y servidores públicos del Instituto Nacional Electoral, medios de comunicación y ciudadanía que hoy nos acompañan.
Me siento honrada y profundamente comprometida al asumir este encargo. Lo veo como un alto honor y como una significativa responsabilidad, como una misión para el desarrollo democrático de nuestro país.
El Instituto Nacional Electoral nació del pueblo y para beneficio de éste, es el resultado de largas y denotadas luchas democráticas. Por ello, quienes lo integramos tenemos el deber de conducirnos en estricto apego a los principios rectores de legalidad, objetividad. Independencia, imparcialidad, certeza, máxima publicidad, paridad y con perspectiva de género, en el desempeño institucional.
Expreso a ustedes mi profunda adhesión a estos principios de la función electoral y a los valores democráticos. Lo digo porque, contrariamente a algunas visiones, concibo la democracia como más, mucho más que un ritual cívico de plazos predeterminados, como una mera formalidad.
No, la función electoral en democracia constituye un quehacer de alta exigencia técnica y procedimental, desplegado desde los valores democráticos y consciente de su importancia para la preservación de los anhelos de convivencia civilizada, relación fructífera con el gobierno, paz social y estabilidad política en nuestro país.
No de un colectivo etéreo y lejano, sino de nuestras y nuestros vecinos, nuestras y nuestros conciudadanos, mediante procesos electorales certeros, transparentes y equitativos, es que se puede y se debe contribuir a la democracia nacional; porque en la legitimidad de origen de las personas legisladoras, gobernantes y juzgadoras, radica la confianza ciudadana en que las decisiones que se toman reflejan sus demandas y aspiraciones y que serán para su beneficio.
La democracia no puede existir sin instituciones que la fortalezcan, la promuevan, la defiendan y la vuelvan accesible al pueblo de México, de ahí que sea impostergable asumir la tarea colectiva de mejorar la percepción pública de la institución para fortalecer la confianza de la ciudadanía, los actores políticos y los poderes públicos. Y este es un propósito que a todas y todos nos concierne y que a todas y todos nos convoca.
Colegas, consejeras electorales y consejeros electorales, sé que me integro a un equipo de trabajo con amplia experiencia, mi reconocimiento para todas y para todos ustedes. Su profesionalismo nos fortalece.
Estoy convencida que debemos sumar y trabajar en equipo. Para lograrlo, debemos integrarnos como el órgano colegiado que somos, a partir del entendimiento de la responsabilidad colectiva, el cultivo de la pluralidad de visiones y de ideas que enriquecen a este órgano máximo de dirección y el objetivo en común que trasciende los intereses y posturas individuales, la organización de elecciones libres, periódicas y pacíficas para la renovación de los cargos de elección popular en nuestro país.
Propongo la construcción de un diálogo tolerante, respetuoso, abierto y fecundo con las y los integrantes de esta herradura y los actores políticos, como el medio idóneo y deseable para dirimir las controversias y edificar los acuerdos necesarios para el mejor quehacer institucional, siempre en beneficio de la democracia de nuestro país.
Por otra parte, manifiesto que llego a esta institución consciente de las áreas de oportunidad que tenemos enfrente y de los desafíos que se materializan.
Por tanto, considero necesario poner énfasis en los siguientes aspectos: El primero, trabajar en la legitimidad institucional, promover la integridad con el ejemplo y avanzar en el proceso de credibilidad para fortalecer la confianza y recuperar esa confianza de un importante sector de la ciudadanía que contempla a sus instituciones como lejanas e indiferentes.
Fortalecer el desempeño de la función técnico electoral del Instituto a través de la profesionalización y la capacitación permanente del personal que conformamos, porque ese ha sido uno de los pilares fundamentales de este Instituto.
Cumplir a cabalidad con el principio constitucional de la paridad de género y actuar en contra de las acciones que la violenten.
Apostar al establecimiento de reglas jurídicas claras que garanticen certeza y equidad en la contienda electoral y generen condiciones óptimas para la inclusión y no discriminación en la participación política de las mujeres, pueblos, comunidades y personas indígenas, personas con discapacidad y de la diversidad sexual.
Y, por último, pero no menos importante, la seriedad, exhaustividad y disciplina que debe regir cada propuesta que se presente para su aprobación en este órgano colegiado.
Compañeras y compañeros de este Consejo General, organizar de manera impecable las elecciones debe ser nuestro objetivo primordial y me comprometo a desplegar todas mis capacidades, conocimiento, experiencia y empeño para sumar y materializarlo.
La democracia construye la casa común dentro de un proyecto de sociedad, donde todas y todos estamos incluidos y tenemos un lugar. Por ello, invito a fortalecer este Instituto Nacional Electoral como la casa de todas las voces, como defensor de todos los propósitos de libertad y como promotor del diálogo que conduce a la concordia social.
Este es el Instituto de la democracia de las mexicanas y los mexicanos, abierto a todas y a todos. Porque la democracia no florece en el silencio, ni en la indiferencia, ni en la negación del otro, sino en el diálogo fecundo, la inteligente disposición al acuerdo y la comprensión cabal de que compartimos el mismo afán de vivir en democracia.
Muchas gracias.
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