Intervención de Lorenzo Córdova, en el Webinar Elecciones 2021

Escrito por: INE
Tema: Consejero Presidente

 

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL (INE), LORENZO CÓRDOVA VIANELLO, EN EL WEBINAR ELECCIONES 2021. ¿SE FORTALECE O DEBILITA LA DEMOCRACIA EN MÉXICO? ¿ES NECESARIO TENER 32 INSTITUTOS ELECTORALES ESTATALES?, ORGANIZADO POR LA ORGANIZACIÓN NO GUBERNAMENTAL MÉXICO JUSTO. 

 

Lorenzo Córdova Vianello, Consejero Presidente.

Muy buenas tardes.

Yo quiero comenzar brevemente, pero de manera inversamente proporcional la brevedad al agradecimiento, pues generándole a México Justo pues mis congratulaciones por la organización de estos foros que me parece que son muy pertinentes y omniabarcantes.

Quiero gradecer, también, así pues, a Juan Carlos, gracias por la invitación.

Quiero gradecer, también, de manera particular al ministro en retiro Genaro Góngora pues la gentileza, digamos, de la invitación, el haber sido puente con los organizadores para poder estar esta tarde con ustedes.

Y, sobre todo, por la posibilidad de permitirme compartir el panel con tres colegas, amigas y amigos a los que estimo mucho y de los que he aprendido también en materia electoral mucho en este tiempo: Macarita, Fernando y, por supuesto, a Pepe. Muchísimas gracias por permitirme compartir con ellos este espacio.

Yo quisiera, brevemente, hacer una reflexión de contexto, sé que han dedicado los primeros paneles de este foro, justamente a analizar la figura de los órganos constitucionales autónomos, pero me parece que es importante no perder de vista en qué contexto nacen y cuáles son las razones con las que surge, particularmente por lo que hace a las cuestiones político-electorales, porque son parte, de manera muy emblemática, todos, pero particularmente los órganos electorales, son parte de una demanda del proceso de transición a la democracia.

Voy a obviar y lo voy a decir en 30 segundo, que los organismos constitucionales autónomos no son una figura, si bien son una figura típica del constitucionalismo mexicano, no son una figura exclusiva de nuestro país.

En otros lados del mundo han surgido agencias autónomas que tienen características similares, y más, en estas agencias autónomas a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, en el constitucionalismo norteamericano, y tienen una finalidad que creo que es importante retomar, resaltar para poder entender su razón de ser en un esquema constitucional.

Estos organismos autónomos, estas agencias autónomas, como se les llama, se les llamó en Estados Unidos, tienen una manera, digo, una finalidad específica, que es la de sustraer funciones técnicas del Estado, de los vaivenes de la política, y conferir estas funciones técnicas, digamos a entidades que no dependen de la renovación por la vía de las urnas, como ocurre con los Poderes Legislativos y los Ejecutivos, a ciertas funciones que tienen que darle estabilidad y, repito, no depender de la dimensión política.

Si uno piensa de dónde vienen los organismos autónomos en materia electoral, pues encontrarán que justamente, en hace a penas 30 años, era el propio poder político el que tomaba las decisiones y tenía la función de organizar a los procesos electorales, no solamente desde el punto de vista de la conducción política, sino también, desde el punto de vista técnico.

Eran los órganos políticos, en su momento la Comisión Federal Electoral, un órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, el que definía quienes iban a ser, no solamente los funcionarios de casilla, sino también, cuáles eran los mecanismos, por ejemplo, de difusión de los resultados, o cuándo hacerlos callar, como ocurrió justamente, con la caída del sistema en 1988.

En este sentido, una de las necesidades fundamentales en materia electoral, para poder avanzar hacia, como suele decirse, elecciones libres y justas, era o implicaba inevitablemente sustraer del Ejecutivo estas capacidades que deberían tener un enfoque eminentemente técnico y, consecuentemente, no dependiente, digámoslo así, de una lógica o de lecturas o de criterios políticos. Por un lado.

Por otro lado, también me parece que es indispensable entender que el proceso de democratización en México implicó precisamente apostar en los organismos constitucionales autónomos, los electorales, pero no sólo, los de la primera generación de organismos autónomos, como, por ejemplo, El Banco de México, la CNDH, el INEGI, en los noventa, y que posteriormente se repetirían con otras funciones y ámbitos de Estado como solución.

Pero, me parece que es importante señalar, que el proceso de democratización pasó precisamente por la sustracción de muchas atribuciones que de facto o de iure, se habían concentrado en el Poder Ejecutivo.

Todos los organismos constitucionales autónomos que hoy existen, todos inevitablemente hoy cumplen funciones que, en su momento, originalmente estaban dentro del ámbito del Poder Ejecutivo.

Y, si se toma en cuenta que una de las características del régimen político que se consolidó al cabo de la Revolución Mexicana a lo largo del siglo XX era precisamente el carácter de, para decirlo en términos de Sartori, “hiper presidencialismo” que se había generado, pues el proceso de democratización pasaba inevitablemente a sustraer ciertas funciones, repito, estas que no deberían estar sometidas a criterios políticos, en la defensa de los Derechos Humanos, el control de la inflación, la organización de las elecciones mismas de la órbita del Ejecutivo.

Me parece que eso es indispensable para poder entender, al menos en el ámbito específico de la materia electoral, cuál fue o cuál es la razón por la cual se hizo una apuesta para que los órganos electorales gozaran de autonomía; por cierto, Fernando y Macarita vienen en su momento del Tribunal de lo Contencioso Electoral, en su momento, después el Tribunal Federal Electoral, que hay que decirlo, por cierto, fue el primer órgano constitucional plenamente autónomo de nuestra evolución constitucional de 1990 porque, si bien es cierto, entonces nació el IFE también, también es cierto, que durante sus primero seis años de existencia estaba presidido por la Secretaría de Gobernación.

La diferencia de lo que fue el TRIFE, nacido en 1990, el primer órgano que estaba fuera de la órbita de los poderes tradicionales y que, en 1996, por distintas razones que no me detengo, se decidió incorporarlo como un órgano especializado dentro del Poder Judicial Federal.

Ahora bien, me parece que en México el punto de partida para poder entender a los órganos constitucionales autónomos electorales, decía, es el sustraer de manos del gobierno una función que tiene que ser eminentemente técnica.

Cómo se cuentan los votos y quién recibe más votos no es una función política, claro, tiene una naturaleza política de fondo finalmente la expresión de la soberanía popular emitida en los sufragios, pero, digámoslo así, la función estrictamente electoral no es una función política, sino una función eminentemente técnica; y, por lo tanto, tiene que realizarse sin estar sujeta a criterios políticos

Esa es la razón de ser por la que decía, hace 30 años, surge el entonces Instituto Federal Electoral, aunque como ya también mencionaba, su autonomía tardaría en concretarse hasta 1996.

Un segundo eje de esta construcción, digamos autónoma, y que ya mencionaba el ministro Góngora, tiene que ver con la existencia de un conjunto de reglas claras y específicas. Reglas que, además me parece importante señalar, sean el producto del consenso de todas las partes y; es que hay dos temas en democracia, y específicamente en el ámbito electoral, en el que los consensos, me parece, son indispensables. Son, desde este punto de vista, la premisa intrínseca que tienen las democracias. Hay dos temas en el que el consenso es indispensable según Bobbio: en las reglas del juego, en la definición de las reglas del juego y en quienes serán los árbitros que apliquen esas reglas.

Y, en tercer lugar, me parece que todo este proceso de autonomía pasa por garantizar la existencia o la garantía de ciertas premisas técnicas, es decir, que los órganos electorales cuenten con condiciones normativas, atribuciones, es decir, poderes y facultades suficientes, así como recursos presupuestales que les permitan cumplir con sus atribuciones.

No quiero abusar del tiempo porque entiendo que la parte más rica de este panel seguramente serán las preguntas y respuestas y la interlocución con mis colegas. Así que terminaría diciendo o señalando cuáles han sido los cuatro grandes ejes sobre la que ha pasado la ruta democratizadora en México para resolver, insisto, los problemas que implicaban que nuestros procesos electorales no fueran plenamente democráticos.

El primer gran tema tiene que ver con la apertura del sistema de partidos para permitir el hoy arraigado, difundido y cada vez más rico pluralismo que para expresarse y recrearse requiere, insisto, de un sistema de partidos amplio, dinámico, competitivo y, sobre todo, incluyente; y cómo este pluralismo puede haberse reflejado en los espacios de representación política. Ese fue uno de los primeros ejes.

El segundo eje tiene que ver con la existencia de condiciones que permite que los votos se expresen libremente y, efectivamente, se cuenten. Y me parece que lo largo de 30 años, sobre todo en nuestro país, podemos dar cuenta de cómo las distintas reformas electorales han precisamente ido mejorando, poco a poco, cuáles son esos mecanismos de garantía para que sea el voto el que, mediante el voto, las y los ciudadanos quienes decidan gana y quien pierde una elección bajo la premisa, por supuesto, de que democracia, nunca nadie gana todo y nadie pierde todo, ni ello ocurre de una vez y para siempre.

El tercer gran eje, lo mencionaba el ministro Góngora, tiene que ver con las condiciones de equidad en la competencia política, y en México esto ha ocurrido bajo dos grandes ejes: generar condiciones financieras suficientes a partir de un financiamiento público predominante sobre financiamiento privado y que es natural y justo incluso que se discuta en términos de su racionalización, sin perder de vista que el financiamiento público ha sido la garantía del piso parejo digamos, o del piso mínimo de competencia de condiciones equitativas en la competencia y el otro ha sido el acceso a la radio y a la televisión.

Finalmente, un cuarto punto y tiene que ver, digámoslo así, el planteamiento que Juan Carlos hacía hace un momento, tiene qué ver con la construcción de condiciones homogéneas y estandarizadas en todas las elecciones en un país.

Hasta hace algunos años existía una crítica, no falta de razón, de que las condiciones y las garantías del voto libre y del respeto del voto en el ámbito local, no necesariamente cumplían los mismos estándares a los que estábamos acostumbrados, a los que debíamos alcanzar en el ámbito federal y, justamente eso es lo que ha provocado, digámoslo así, la reformulación del sistema electoral mexicano en este ahora sistema nacional en donde el INE tiene presencia en todos los estados.

Termino simple y sencillamente diciendo, creo que si hay algún tema en el que hayamos hecho la tarea, bajo la premisa de que en democracia nunca hay temas definitivos o finiquitados de manera definitiva, es justamente la materia electoral, de otra manera creo no podríamos explicar cómo en los últimos cinco años que, por cierto coinciden con el cambio del IFE al INE, el grado de alternancia que existe en el país es el más alto de nuestra historia democrática; cerca del 61 por ciento de las elecciones que se realizan implican un nuevo ganador respecto de quien había ganado en la cita electoral previa, o dicho en otras palabras, la posibilidad de que un partido que gana una elección, vuelva a ganar la elección que sigue es de apenas cuatro de cada 10.

Esto, me parece que es la mejor prueba de que hoy, si bien hay mucho por hacer y que no hay puntos finales, como decía, en materia electoral, en México ya existen las condiciones democráticas para que sean las y los electores y, nadie más, quien deciden quién alcanza el poder político y, a través de su voto, no solamente elegir a quienes nos representan y a quiénes nos van a gobernar, sino también, premiar y castigar las buenas y malas acciones de gobierno; eso que hace 20 años justamente, con la primera alternancia en la Presidencia, se planteó como un voto de castigo, hoy es parte consustancial de los sistemas electorales.

Quien ha ganado el gobierno, inevitablemente en el siguiente ciclo electoral, será sometido al escrutinio y que es, por cierto, un ejercicio de rendición de cuentas de las y los electores a través de su voto.

En suma, creo que hoy los problemas en México están, que no son pocos, que son estructurales: la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad, la inseguridad, son los grandes problemas de nuestro tiempo, pero afortunadamente, a diferencia de lo que ocurría hace 30 años, las elecciones ya no son el principal de nuestros problemas y creo que nos corresponde a todos evitar que vuelvan a serlo en un futuro.

Muchísimas gracias.

 

-o0o-