Intervención de Lorenzo Córdova, durante la presentación del libro: El sistema de partidos políticos de México hacia el 2021-2024

Escrito por: INE
Tema: Consejero Presidente

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL (INE), LORENZO CÓRDOVA VIANELLO, DURANTE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “EL SISTEMA DE PARTIDOS POLÍTICOS DE MÉXICO HACIA EL 2021 Y 2024”, ORGANIZADO POR EL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE GUANAJUATO

 

Muchísimas gracias, Bárbara, te agradezco la gentil presentación.

Y por supuesto, a nuestros amigos de este órgano fundamental, aliado para el avance y la consolidación del sistema nacional electoral, el Instituto Electoral del Estado de Guanajuato.

En primer lugar, a Mauricio, su Presidente, y por supuesto, a Santiago, que en muy breve tiempo nos vuelve a convocar a una actividad que tiene un corte académico importante; es decir, la presentación de un ulterior libro en el que se analizan los temas, digamos, más relevantes, algunos de los temas más relevantes de nuestro sistema democrático.

La verdad es un placer estar de nueva cuenta con ustedes, ahora para la presentación de este nuevo, de esta nueva contribución, insisto, al análisis de los fenómenos político-electorales de nuestro país.

Y, también, un agradecimiento por permitirme compartir este panel de presentación con una maestra de muchos de nosotros, una admirada investigadora y una comprometida defensora y constructora, no sólo de la interpretación, sino también, me atrevo a decir, de la institucional electoral de la que hoy gozamos y que, aprovecho para decir, no es producto de la generación espontánea, como algunas versiones creacionistas que hoy están tan en boga plantean, sino de una larga evolución de la cual, la obra de la maestra Silvia Gómez Tagle, es una de las muchas y más importantes lecturas y contribuciones para entender esta evolución.

Gracias también por participar, por permitirme participar al lado de Fernando Barrientos, otro colega académico del estado de Guanajuato y especialista de los temas que nos ocupan.

Y, por supuesto, Araceli, gracias por de nueva cuenta por permitirme con colegas que integran el funcionariado de esta familia electoral a nivel nacional, poder compartir pues este espacio.

Hablar sobre el origen y desarrollo de la democracia moderna es en buena medida hablar sobre la historia de los partidos políticos. Esto se debe a que la existencia de estas organizaciones, tal y como hoy las concebimos sólo se explica en el contexto de un régimen democrático, donde los ciudadanos pueden organizarse libremente para participar en las decisiones colectivas respetando los derechos de las minorías.

Por esta razón, reflexionar sobre el estado actual y del futuro de los partidos políticos implica pensar en su situación hodierna, o en su situación actual, pero también en el futuro de la propia democracia.

El tema que hoy en día es de singular interés, el de los partidos políticos, en buena medida también por el ambiente de incertidumbre que vivimos, tanto en el plano económico, como en el plano político, y el plano de las relaciones sociales.

La obra que hoy tenemos el gusto de presentar “El sistema de partidos políticos de México hacia el 2021 y 2024”, es un importante ejercicio de reflexión colectiva sobre el estado que guardan estas organizaciones, estas instituciones agregadoras de los consensos, de los distintos consensos que la pluralidad política en una sociedad democrática refleja, tras la elección de 2018, cuyas consecuencias, sin duda, serán objeto de discusión, aún más allá del horizonte que nos propone el título de este volumen.

Por razones de tiempo, es complicado hacer una reseña puntual que haga justicia y analice, desbroce, comente los valiosos trabajos de los 35 investigadores, funcionarios electorales y líderes políticos que participan en esta obra.

Sin embargo, quiero aprovechar este espacio para compartir con ustedes algunas ideas, a propósito de los temas expuestos en ella, con el fin de invitar a la lectura del libro y contribuir a la discusión que nos proponen sus autores, a propósito de las perspectivas que guarda el sistema de partidos políticos de México en las primeras dos décadas de este siglo.

La primera idea que quiero compartir es que la función de los partidos políticos en las democracias es la de agregar consensos, como anticipaba, pero también, a partir de ello, hacer efectiva la representación de los intereses de los distintos grupos de la sociedad, de una sociedad que, por definición, como ocurre en democracias, es plural ante el Estado.

Sin embargo, esta función, hay que reconocerlo, se ha debilitado en lo que algunos han identificado como una crisis de la representación, que es uno de los múltiples aspectos que hablan de la erosión del estado de salud de las democracias contemporáneas, tal como lo demuestran, por ejemplo, la falta de confianza de la ciudadanía en ellos y el descenso en términos del aprecio por estas instituciones fundamentales de la democracia, así como de los niveles de identificación partidista.

Una identificación cada vez más complicada ante el diluimiento que tiene la identificación ideológica, digamos, en el espectro político que en los últimos 20-30 años ha aquejado a los partidos de todo el mundo.

Hablar de derecha, hablar de izquierda, hoy son términos cada vez más relativos y cada vez menos fuertes como en algún momento lo llegaron a ser en el pasado.

Este desgaste de la función representativa forma parte del fenómeno que Manuel Alcántara denomina en su trabajo como “la fatiga de la democracia”; es decir, el conflicto social y la radicalización del discurso en las sociedades latinoamericanas actuales, cuyo origen se encuentra principalmente en la desigualdad, la exclusión social, la corrupción, el hiperindividualismo que caracteriza nuestras sociedades actuales.

Como lo reconocen Manlio Fabio Beltrones, Roberto Gil, Ángel Ávila y Juan Manuel Alcántara, en sus participaciones, esta situación exige de los partidos políticos un análisis autocrítico sobre su papel como gobiernos u oposiciones, la revisión de los términos bajo los que desarrollan su vida interna, los principios bajo los que construyen su identidad ideológica y su relación con el resto de la sociedad.

Sin embargo, este análisis debe ir encaminado hacia recuperar el papel de los partidos como expresiones de la pluralidad de la sociedad mexicana, ya que como lo advierte Edmundo Jacobo en su intervención, el debilitamiento de la relación con la sociedad, ha dado pie al surgimiento de expresiones autoritarias que ponen en riesgo la supervivencia del orden democrático. Y aquí tal vez vale la pena, solamente el señalamiento de cómo los partidos políticos, con independencia de que hay algunos en los cuales los liderazgos y el verticalismo en la toma de decisiones caracteriza, o los caracteriza, también es cierto que los partidos políticos acaban siendo un espacio en el que necesariamente tienen que matizarse y ponderarse esos liderazgos, que tienen que entrar en una primera etapa de negociación y, por lo tanto, de control, de matizamiento del poder.

La segunda reflexión que comparto con ustedes, es que la elección de 2018 fue un parteaguas del sistema de partidos en México, gracias a que existían las condiciones necesarias para que los electores expresaran sus opiniones políticas por la vía del voto de manera libre, como lo demuestran los interesantes estudios realizados por Javier Santiago, Oniel Francisco Díaz y Gustavo Martínez Valdez, en 2018, México pasó, usando la clasificación propuesta por Sartori, de un modelo de partidos pluralista moderado, a uno de partido predominante, pues los sistemas de volatilidad del voto aumentaron y la correlación de fuerzas en el sistema de partidos se alteró radicalmente.

De acuerdo con Martínez Valdez, el 59 por ciento de los votantes mexicanos modificó la preferencia de su voto para Presidente de 2012 a 2018, lo que significa que cada vez son menos los votantes que se identifican con algún partido en específico y más quienes deciden expresar su inconformidad en las urnas, o bien seguir, alinearse detrás de fuertes liderazgos políticos, personalistas, personalizados. Sin embargo, estos factores no habían tenido los resultados que observamos, de no ser por el alto índice de participación ciudadana y la organización de un proceso electoral limpio y confiable, lo que refleja, a su vez, el trabajo de una autoridad electoral, o de autoridades electorales profesionales e independientes, guste o no.

La tercera reflexión que quisiera compartir con ustedes es que, si bien el triunfo importante e incuestionable de una nueva fuerza política, esto provocó la recomposición del sistema de partidos, las elecciones del 2018 también demostraron el alto grado de sofisticación alcanzado por los mexicanos a la hora de votar. Nunca habíamos tenido un voto diferenciado tan grande entre las elecciones presidenciales y las elecciones legislativas y que las democracias, el ejemplo pues claro, y que en las democracias, no existen ganadores ni perdedores absolutos, más allá de lo que pretende construirse como una nueva narrativa política de lo que ha pasado.

Las elecciones de 2018 reflejan la profunda diversidad y el intenso pluralismo político que caracteriza nuestra sociedad, a manera de ejemplo, los análisis presentados en el capítulo cuarto del libro, señalan que el número de votos obtenidos por el candidato presidencial ganador, son cinco millones y medio más que los alcanzados por los candidatos de su coalición al Congreso, por no entrar al dilema hoy abierto, y que requiere una enorme y profunda discusión, a propósito del fenómeno de sobrerrepresentación que hoy rebasa los límites permitidos en la Constitución, pero eso es un análisis de otro espacio.

Sin embargo, este fenómeno también se repitió con el resto de los aspirantes presidenciales. Los candidatos del PRD al Congreso tuvieron en conjunto un millón 300 mil votos más que su candidato presidencial.

Los candidatos de Movimiento Ciudadano un millón y medio más y los candidatos del PRI cuatro millones de votos más que su candidato presidencial.

La importancia de los nuevos partidos radica en el análisis histórico y ésta es otra reflexión que quiero compartir con ustedes, sobre el proceso de constitución de nuevos partidos políticos que presenta Marco Antonio Baños en este libro.

A diferencia de quienes consideran que la representación de la voluntad de los mexicanos debe concentrarse en uno o en pocos. Y aquí sí, cité a Sartori hace un rato, hay que tomar distancia de la sugerencia que Sartori no hace en el epilogo para México, de la segunda edición de “La ingeniería constitucional comparada”, en donde nos concede graciosamente que no tengamos dos, sino preferente sólo tres partidos políticos, creo que la pluralidad de nuestro país no cabe en solamente dos alternativas, ni en tres, sino en las que sean necesarias para expresar su profunda diversidad.

A diferencia de quienes consideran, decía, que la representación de la voluntad debe concentrarse en uno o en pocos partidos, en el INE creemos que la democracia es el resultado de la libre participación de las y los ciudadanos en la integración de las organizaciones partidistas y que la pluralidad de expresiones políticas debe reflejarse en las instancias de representación de la manera más fiel posible al cuerpo político que es representado.

Y si nuestro cuerpo es plural y diverso, la representación debe reflejar esa pluralidad y diversidad, eso al final del día es el juego democrático desde Kelsen en adelante.

Como ustedes saben, actualmente el INE realiza el proceso de revisión de requisitos para el registro de nuevos partidos, con miras al proceso electoral 2021. Este proceso está siendo llevado a cabo en forma muy rigurosa y esto nos ha llevado a aplazar los tiempos del eventual otorgamiento de los registros para no minusvalorar o erosionar la revisión puntual y exhaustiva del cumplimiento que la ley demanda, no sólo de los requisitos numéricos, sino también, del resto de obligaciones legales, entre ellas, la no intromisión de entes prohibidos, partidos, gobiernos, iglesias, sindicatos.

Finalmente, quisiera concluir con una última reflexión a propósito de las perspectivas que presentan para el sistema de partidos, así como para la democracia mexicana en vísperas del proceso electoral 2021, el que será el más grande y probablemente el más complicado que enfrentemos como país hasta el momento.

La incertidumbre generada por la pandemia puede generarse o convertirse en un catalizador de la inconformidad social, misma que se ha manifestado desde hace varios años como lo demuestran los autores del libro que presentamos.

Los partidos, gobiernos, autoridades y sociedad, tenemos que cumplir con las responsabilidades que esta situación reclama. Por nuestra parte, las autoridades electorales tenemos que cumplir y enfrentar este reto a partir de los siguientes principios:

Garantizar condiciones de equidad y legalidad en el debate y contraste de puntos de vista y proyecto de las distintas fuerzas políticas. Defender la autonomía de los órganos electorales, hoy como pocas veces antes amenazada y de la función electoral frente a las pretensiones de erosión, captura o subordinación de parte de los distintos poderes públicos, políticos y sociales.

Como autoridades electorales, el INE y los OPLE, seremos mucho más firmes y oportunos en hacer cumplir las leyes, vigilaremos las conductas de quienes compiten y aplicaremos sanciones.

No estamos y esto vale la pena señalarlo, ni a favor ni en contra de fuerza política ni actor político alguno. Nosotros estamos como árbitro de las elecciones. Por encima de los partidos políticos y apegados en este sentido en el principio de neutralidad que exige nuestra función.

Termino, el Estado democrático como un rol central para que los poderes públicos se ejerzan dentro de los límites y controles incluidos en el orden constitucional, sobre todo, en un contexto doblemente marcado por la crisis de la democracia y por la contingencia sanitaria que enfrentamos.

Sabemos que no será el mercado quien resolverá esta situación, esa es una responsabilidad de un Estado plural e inclusivo en el que los partidos juegan un rol central, como articuladores de interés.

Por eso espero que la obra que hoy presentamos, sirva como un insumo para el debate y la reflexión respecto a la responsabilidad que estas organizaciones junto con el resto de la sociedad, tenemos para salir adelante en este momento difícil, sin salir de la órbita de la convivencia en clave democrática que desde hace años hemos venidos construyendo y que nos ha costado tanto construir como sociedad.

Muchísimas gracias