Intervención de Lorenzo Córdova, en la inauguración de la presentación del Informe de Idea Internacional “El estado de la democracia en el mundo y en las américas 2019″”

Escrito por: INE
Tema: Coberturas especiales


VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL (INE), 
LORENZO CÓRDOVA VIANELLO, EN LA INAUGURACIÓN DE LA PRESENTACIÓN DEL INFORME DE IDEA INTERNACIONAL “EL ESTADO DE LA DEMOCRACIA EN EL MUNDO Y EN LAS AMÉRICAS 2019”, EN LA SALA SUPERIOR DEL TEPJF

 

Muchas gracias. Muy buenos días a todas y a todos. Saludo con mucho afecto y agradecimiento al Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, mi amigo el magistrado Felipe Fuentes.

Saludo a, bueno, aquí son todos amigos, ahora sí que obvio el calificativo, o más bien lo generalizo de una vez; al Secretario General de IDEA Internacional, al doctor Kevin Casas.

Saludo al magistrado del Tribunal de la Sala Superior, José Luis Vargas; a nuestro querido y admirado, otro  de los protagonistas de esta historia que aquí se mencionaba, el doctor José Agustín Ortiz Pinchetti, Fiscal Especializado para Delitos Electorales; al licenciado Jorge Alcocer, coordinador de asesores de la Secretaria de Gobernación; y bueno, 25 años después en cargos muy similares en este tipo de responsabilidades; al doctor Daniel Zovatto, director para América Latina de IDEA Internacional; y por supuesto a la doctora Annika Silva-Leander, jefa de la Unidad de Evaluación, y autora, digámoslo así, o coordinadora de este estudio que hoy se presenta.

Los movimientos sociales y el desarrollo tecnológico de los últimos cuarenta años y también las promesas incumplidas de la democracia en este periodo, han transformado profundamente a la comunidad internacional y las expectativas de nuestras sociedades.

En tan sólo cuatro décadas no sólo se redefinió la geografía mundial, sino, también la orientación en términos de apuesta democrática del mundo entero.

El fin de la Guerra Fría dio paso a la formación de bloques económicos regionales; la desaparición del bloque socialista provocó la división de muchos países y el desconcierto que esta balcanización provocó, evidenció la necesidad de que cada nación edifique sus propias instituciones con base en su historia y expectativas.

Por cierto, una historia que no se acabó como algunos de manera profundamente equivocada preconizaron.

Si algo demuestra la historia en las últimas tres décadas de la democracia en el mundo es que si algo no echo raíces fue la idea del fin de la historia.

En este lapso, la democracia se expandió por todas las regiones del mundo e incluso podríamos decir que, en los últimos 25 años del siglo pasado, hubo un impulso libertador recorrió el mundo: el impulso de la vida democrática.

Y esta expresión no es ni un calificativo ni un eufemismo, es una descripción histórica.

Como bien lo señala el Informe sobre el estado de la democracia en el mundo y en las américas 2019, que hoy se presenta en México, mientras en 1975 únicamente el 26 por ciento de los países del mundo vivía en alguna forma de democracia, en la actualidad este porcentaje se incrementó casi 140 por ciento, ya que el 62 por ciento de los países de la comunidad internacional elige a sus gobiernos por la vía democrática.

Sin embargo, es necesario reconocer que décadas y décadas de gobiernos surgidos de procesos democráticos no han logrado satisfacer las crecientes y cada vez más complejas demandas y expectativas de nuestras sociedades.

La población mundial prácticamente se duplicó entre 1975 y 2015, pasando de 4 mil millones de habitantes a más de 7 mil millones. Y, en paralelo, la desigualdad crece año tras año. Y no porque no haya crecimiento económico –sí lo hay–, pero no hemos logrado la distribución de la riqueza que se suponía era una de las apuestas civilizatorias de la humanidad.

El ingreso promedio del 10 por ciento más rico de la población es aproximadamente 9.5 veces más alto que el del 10 por ciento más pobre. De acuerdo con la OCDE, el mundo de hoy es mucho más rico que el de los 70, pero la riqueza se ha concentrado en cada vez menos manos.

Y, para complejizar aún más el desafío que enfrentan las democracias en el mundo, cabe recordar que la informática y las tecnologías de la información han modificado prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana en nuestras regiones.

Los patrones de consumo se han visto alterados; las mayores amenazas al patrimonio y los datos personales se da en la internet (que aumenta sin límite su número de usuarios y que, por cierto, hoy a diez años de la irrupción del internet y de las redes sociales, me parece que tenemos suficiente evidencia para poder desmentir a aquellos ilusos que hace diez años daban por sentado la transición de la democracia representativa hacia una e-democracy.

Hoy sabemos que las redes son poderosísimos mecanismos de comunicación que llegaron para quedarse, pero que no necesariamente insuflan más democracia a nuestras sociedades, por el contrario, en muchas ocasiones, son el terreno en donde las pulsiones más regresivas y antidemocráticas eventualmente florecen.

Y no estoy diciendo que cerremos, que apaguemos el internet, el problema es cómo lidiamos en clave democrática para tratar de encauzar eso que simple y sencillamente es un mecanismo técnico hacia una lógica y un uso en clave democrático.

El papel de los medios de comunicación tradicionales como fuente de información de la mayor parte de la gente disminuye de manera acelerada y, poco a poco, la influencia de los medios digitales se va convirtiendo en un nuevo parámetro para la generación de la información que alimenta las decisiones públicas.

Dicho de otra manera, en el mundo de hoy prácticamente todas las personas que integran la clase política usan las redes sociales, las nuevas generaciones tendencialmente apuntan a  enterarse de lo que sucede en la vida pública a través de dichas redes y las grandes expectativas que generaba el acceso a la vida democrática caen sistemáticamente, ante la dificultad de los gobiernos electos en las urnas, para dar resultados y cumplir sus promesas de campaña, por no hablar de los escandalosos casos de corrupción asociados al ejercicio de los poderes públicos.

Y que hoy son problemas para todas las democracias, creo que los tiempos de hace unas tres décadas cuando se solía hablar en el análisis sobre el fenómeno democrático de los países de democracias consolidadas o democracias en vías de consolidación, hoy es una frontera más imaginaria que real.

Hoy vemos que los grandes problemas de la democracia son problemas que aquejan a todos los sistemas que se rigen bajo estas reglas, bajo estos procedimientos, no importa su grado de consolidación histórica.

Y me refiero a los problemas de desigualdad, como problema social con el que tienen que lidiar las democracias, me refiero al problema del desafío que representan las redes sociales, la desinformación y las noticias falsas.

Me refiero al problema de la polarización en nuestras sociedades que apunta hacia los extremos y que gradualmente elimina ese centro que es indispensable para que las democracias se recreen y no estoy hablando de un centro ni ideológico, ni político, el meeting point que toda democracia requiere para procesar pacíficamente su pluralismo entre muchos otros problemas que son transversales y que recorren el mundo.

En pocas palabras, el mundo es más desigual que antes y está más interconectado, y las instituciones tradicionales de la democracia moderna enfrentan desafíos inéditos e innegables crisis; sobre todo de credibilidad.

Partidos y parlamentos gozan de poco afecto ciudadano y sin partidos y sin parlamentos no hay democracia, existen autocracias, pero no democracias.

Pero con todo y eso, el mundo del siglo XXI es mejor, es más libre y cuenta con mejores condiciones para el ejercicio de los derechos fundamentales de la población en casi todo el planeta, pero este es un camino de ida y vuelta, así que cuidado.

No demos por sentado conquistas que se procuran o se cuidan o el día después se nos esfuman entre las manos.

Ciertamente, el mundo del nuevo milenio está lleno de desafíos. Pero, en el contexto de exigencia que impone la instantaneidad de la información, los organismos e instituciones que hemos creado regional y multilateralmente para fortalecer la vida democrática deben seguir siendo nuestro punto de partida para revivir esas promesas, insisto, muchas de ellas todavía incumplidas de la democracia.

No hay duda de que el desarrollo de nuestras democracias ha sido desigual e imperfecto; tampoco hay duda de que, en general, los gobiernos surgidos de las urnas nos han quedado a deber, y más aún, también es claro que los países que eran democráticos antes de la ola democratizadora de 1975 siguen teniendo sistemas democráticos, no sé si más sólidos, pero todavía existentes que aquellos que accedimos a la vida democrática al final del siglo XX.

Esa es la importancia del “Informe sobre el estado de la democracia en el mundo y en las Américas 2019”, que nos muestra datos precisos en múltiples dimensiones y, en perspectiva comparada, para que las autoridades, los gobiernos y, especialmente los organismos de garantía de los derechos y de los procedimientos democráticos, tal como lo señalaba Jorge Alcocer hace un momento, focalicemos nuestros esfuerzos para impulsar la consolidación de nuestra convivencia en clave democrática y mantener, preservar y, en la medida de los posible, insisto, consolidar, los logros, las conquistas de las décadas pasadas.

Desde mi perspectiva, el informe debemos considerarlo como una brújula para diseñar y orientar los esfuerzos democratizadores en nuestros países, una hoja de ruta que facilitará darle perspectiva y un sentido integral a las iniciativas que pretendan fortalecer los sistemas democráticos de cada región y en cada nación, y señalar, apuntar y combatir, las iniciativas que las hay y muchas, en clave regresiva de nuestras conquistas democráticas.

Y eso lo digo sin medias tintas, en todos los países democráticos del mundo existen esas pulsiones, México tampoco es la excepción y esas iniciativas, esas propuestas de regresión en clave democrática tienen que ser señaladas, tienen que ser combatidas y tienen que ser, en la medida de lo posible, minimizadas.

Porque vuelvo a insistir en un punto, las conquistas democráticas que son el producto de una lucha histórica, de un esfuerzo colectivo, pero no son unidireccionales.

La historia enseña cómo las democracias o se les cuida o se nos esfuman, y el germen de las antidemocracias encuentra paradójicamente, justamente en el medio ambiente democrático un caldo de cultivo en donde, si no se toman las prevenciones necesarias, esas expresiones crecen, se fortalecen y al final, eventualmente, prevalecen, y esa es justamente, esa es justamente el mundo que hoy enfrentamos, un mundo más rico, pero más desigual, un mundo más democrático, si se quiere en términos de la expansión de esta forma de gobierno como el informe relata y acabo de mencionar, pero también, que enfrenta como pocas veces en la historia, riesgos de rendición democrática.

Y esto ya es un asunto de una región, esto ya no es un asunto de un país, esto es un fenómeno global que, o atendemos, entendemos, comprendemos y enfrentamos o tarde o temprano, como la arena en la mano eventualmente sin darnos cuenta se nos puede ir de las mismas, se nos puede ir esfumando.

Creo que este informe, pues, es un informe que en muchos sentidos nos genera esos datos, esa información objetiva que nos permitirá a quienes creemos que esta apuesta civilizatoria, que la apuesta que hemos hecho en nuestros países, que la apuesta que hemos hecho en México vale la pena cuidarla, vale la pena procurarla, vale la pena, en la medida de lo posible reforzarla, y sin duda, es una apuesta que no debemos perder.

Muchísimas gracias.

 

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