Desinformación sin fronteras: historias reales sobre cómo se rompe la certeza democrática

Diseño: Equipo de Certeza
La desinformación fluye sin freno, se réplica sin contexto y llega a millones antes de que exista tiempo para contrastarla. Cuando esto ocurre de manera sistemática, no sólo distorsiona la conversación pública, sino que pone en riesgo a las instituciones y erosiona la confianza colectiva.
A nivel internacional hay numerosos ejemplos de cómo este fenómeno ha sido una chispa en contextos de tensión, amplificando el enojo social o la polarización justificando represiones, debilitando procesos políticos o precipitando el colapso de órdenes establecidos.
No son historias lejanas ni ajenas. Son advertencias claras de lo que puede suceder cuando la verdad deja de ser un punto común de referencia.
Estos casos internacionales nos recuerdan que ningún país es inmune, y que México no es la excepción.
Túnez y la Primavera Árabe (2010–2012)

Fotografía: Creative Commons
El caso de desinformación
El 17 de diciembre de 2010, Mohamed Bouazizi, un comerciante ambulante de la ciudad tunecina de Sidi Bouzid, se prendió fuego frente a un edificio gubernamental después de sufrir abusos por parte de autoridades locales. Su muerte se convirtió en símbolo del hartazgo social frente a la corrupción y el autoritarismo.
Las protestas posteriores se expandieron rápidamente dentro de Túnez y luego a otros países gobernados por dictaduras de larga duración, como la de Zine el-Abidine Ben Ali en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto y Muamar el Gadafi en Libia.
Tras décadas de propaganda oficial, la población desconfiaba profundamente de los medios estatales. En ese vacío informativo, las redes sociales se transformaron en la principal fuente de noticias, sin mecanismos sólidos de verificación.
Investigaciones posteriores documentaron la difusión masiva de rumores, imágenes falsas y noticias sin confirmar sobre supuestas masacres o movimientos militares inexistentes.
Las consecuencias
La desinformación amplificó el miedo, la confusión y la violencia, y justificó la represión. En países como Libia y Siria, este colapso de la confianza informativa contribuyó a conflictos armados prolongados y a fracturas sociales que persisten hasta hoy.
Reino Unido y el Brexit (2016)

Fotografía: Creative Commons
El caso de desinformación
En 2016, el Reino Unido celebró un referéndum para decidir si permanecía o no en la Unión Europea. Durante la campaña, Boris Johnson —entonces diputado conservador y uno de los líderes del movimiento a favor de salir del bloque— y Nigel Farage —dirigente del partido euroescéptico UKIP— difundieron de forma reiterada una cifra engañosa: que el país enviaba 350 millones de libras a la semana a la Unión Europea.
La afirmación fue desmentida por la Oficina Nacional de Estadísticas y por economistas independientes, quienes aclararon que la salida de la Unión Europea no representaba un ahorro real. Sin embargo, el mensaje se viralizó y dominó la conversación pública.
Las consecuencias
La narrativa falsa influyó decisivamente en la percepción de millones de votantes. Tras el triunfo del “Leave”, el país enfrentó años de inestabilidad política, una profunda división social y una pérdida de confianza en las instituciones y en el valor de la información verificada.
Estados Unidos: de Cambridge Analytica al Capitolio (2016–2021)

Fotografía: Creative Commons
El caso de desinformación
En 2018 se reveló que Cambridge Analytica, una empresa especializada en análisis de datos políticos, había obtenido información personal de millones de usuarios de Facebook, sin su consentimiento. La compañía estaba vinculada a estrategas políticos como Steve Bannon, ideólogo conservador y posteriormente jefe de campaña de Donald Trump, entonces candidato presidencial republicano.
Con esos datos, la empresa envió mensajes políticos personalizados durante la campaña de 2016, muchos de ellos falsos o engañosos, diseñados para explotar miedos y resentimientos individuales. Al circular de manera privada, estos mensajes no podían ser desmentidos públicamente.
Las consecuencias
A pesar del cierre de Cambridge Analytica, las narrativas de desinformación sobrevivieron y se intensificaron en los años siguientes. Aunque las autoridades y tribunales validaron los resultados de la elección de 2020, millones de personas mantuvieron la creencia de un supuesto fraude. Esta desconfianza acumulada desembocó en el asalto violento al Capitolio el 6 de enero de 2021, demostrando que la desinformación puede transformarse en violencia real.
Colombia y el plebiscito por la paz (2016)

Fotografía: Nurso.org
El caso de desinformación
En Colombia, el gobierno de Juan Manuel Santos sometió los acuerdos de paz con las FARC a un plebiscito para buscar legitimidad, aunque no estaba legalmente obligado. Durante la campaña, Juan Carlos Vélez, líder de la estrategia a favor del “No”, admitió que decidieron dejar de explicar el contenido del acuerdo para difundir mensajes emocionales y engañosos a través de WhatsApp.
Circularon afirmaciones falsas sobre supuestos privilegios económicos para exguerrilleros y amenazas inexistentes al orden social y familiar.
Las consecuencias
El “No” ganó por un margen mínimo. El proceso de paz tuvo que ser renegociado y la sociedad colombiana quedó profundamente polarizada. La desinformación dejó una huella duradera en la confianza pública y en el proceso de reconciliación nacional.
Brasil y el ataque al árbitro electoral (2016–2018)

Fotografía: Creative Commons
El caso de desinformación
Tras la destitución de Dilma Rousseff —presidenta de Brasil entre 2011 y 2016— y durante la campaña presidencial que llevó a Jair Bolsonaro —político de extrema derecha— a la presidencia, fue documentada una campaña masiva de desinformación difundida principalmente por WhatsApp.
Investigaciones periodísticas revelaron la circulación de audios, imágenes y videos falsos que apoyaban a Bolsonaro y atacaban directamente al sistema electoral, cuestionando sin pruebas la confiabilidad de las urnas electrónicas y denostando a los jueces del Tribunal Superior Electoral, máxima autoridad del país en esa materia.
Las consecuencias
Millones de brasileños comenzaron a desconfiar del árbitro electoral y de los resultados oficiales. La legitimidad institucional quedó debilitada y la polarización social se profundizó incluso después de concluidas las elecciones.
México no está al margen
Aunque estos casos ocurrieron en otros países, comparten condiciones presentes hoy en México: uso intensivo de redes sociales, circulación acelerada de información no verificada y ataques a la credibilidad de las autoridades electorales. La evidencia internacional demuestra que ninguna democracia es inmune a la desinformación.
Certeza INE

Ante este escenario, el INE fortalece Certeza INE como una herramienta institucional basada en evidencia. Su función no es opinar ni persuadir, sino ofrecer información oficial, verificable y oportuna cuando la desinformación intenta sembrar duda. Cuando la mentira busca debilitar la confianza en el voto, la certeza se convierte en una defensa de la democracia. Certeza INE existe para cumplir esa función esencial.