FIMI: la amenaza contra las democracias que no respeta fronteras

Las guerras ya no empiezan siempre con disparos, sino con campañas de manipulación que cruzan fronteras en segundos. El Cuarto Informe FIMI de la Unión Europea documentó 540 operaciones en más de 100 países y revela cómo estas estrategias buscan influir en elecciones, polarizar sociedades y erosionar la confianza pública
Durante siglos, las fronteras fueron el principal escudo de las naciones: delimitaban sus territorios, detenían ejércitos enemigos y resguardaban a los Estados de las amenazas externas.
En el siglo XXI, esas fronteras siguen deteniendo ejércitos, pero ya no pueden contener operaciones de manipulación e interferencia informativa que viajan por Internet, atraviesan continentes en segundos y pueden hacer pedazos la confianza ciudadana sin cruzar ninguna frontera física.
“Las guerras de hoy ya no se libran únicamente con tanques y drones, sino también con mentiras y algoritmos. El espacio informativo es una primera línea de defensa de la democracia”.
Con esas palabras, pronunciadas durante la presentación del Cuarto Informe sobre las Amenazas de Manipulación e Interferencia Extranjera de la Información (FIMI), Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad resumió el desafío que hoy enfrentan las democracias.
El informe fue elaborado por el Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS), el brazo diplomático de la Unión Europea.
La conclusión es clara: la desinformación ya no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como parte de una amenaza mayor y más compleja.
Kallas lo resumió de manera impecable: “La desinformación es la bala. FIMI es el arma. El tirador. Y todo el arsenal”.
Mucho más que noticias falsas
La dimensión del fenómeno aparece desde las primeras páginas del informe.
Sólo durante 2025, el Servicio Europeo de Acción Exterior documentó 540 incidentes de manipulación e interferencia informativa en más de 100 países.
Para ejecutarlos se movilizaron alrededor de 10 mil 500 cuentas en redes sociales y sitios web, además de 43 mil piezas de contenido difundidas desde 19 plataformas digitales.
Pero el mayor aporte del informe no está en esa numeralia. Está en la forma en que entiende el problema.
El resumen ejecutivo lo plantea como un cambio de etapa: pasar “del diagnóstico al impacto”.
Se trata de dejar de perseguir publicaciones aisladas para desmantelar las redes que las producen.
Así opera FIMI
Las elecciones son uno de los principales objetivos de FIMI, porque representan uno de los momentos de mayor vulnerabilidad para cualquier democracia.
Por eso, el informe dedica un capítulo a “El manual ruso para influir en elecciones” (The Russian FIMI Playbook to Target Elections).
Tras analizar operaciones en procesos electorales en Alemania, Polonia, Rumania, Moldavia, República Checa y Costa de Marfil, concluye que “los patrones se han convertido en el manual de operaciones del FIMI ruso en elecciones”.
El patrón es casi siempre el mismo.
Primero desacreditan a quienes gobiernan. Después explotan las divisiones sociales existentes hasta convertirlas en confrontación.
Y, cuando llega la elección, cambian de blanco: ya no buscan que la ciudadanía vote por un candidato, sino que deje de creer en la elección.
Difunden narrativas de fraude, desacreditan a las autoridades electorales y ponen en duda la legitimidad del resultado.
El objetivo va mucho más allá de las urnas.
Como advierte el informe, estas operaciones buscan “sembrar y profundizar las divisiones sociales y socavar los procesos políticos considerados una amenaza para los intereses de Rusia”, entre ellos el apoyo europeo a Ucrania y la ampliación de la Unión Europea.
Rusia concentra el análisis más amplio del informe, pero no es el único actor estatal señalado por el EEAS.
El documento también atribuye operaciones de manipulación e interferencia informativa a actores vinculados con China, Bielorrusia e Irán, lo que confirma que FIMI es un fenómeno mucho más amplio que un solo país.
Las estrategias, sin embargo, no siempre son las mismas.
Mientras las operaciones atribuidas a Rusia buscan polarizar sociedades y debilitar la confianza en los procesos democráticos, las vinculadas con China se concentran principalmente en promover sus intereses geopolíticos y proteger la imagen del Estado chino.
Bielorrusia aparece como un aliado recurrente del ecosistema ruso, e Irán como otro actor que emplea campañas de manipulación para influir en determinados contextos internacionales.
El informe identifica ese mismo patrón en otros países y concluye que, aunque los mensajes cambian para adaptarse a cada sociedad, el objetivo siempre es el mismo: debilitar la confianza ciudadana antes de la cita con las urnas.
Ningún país puede enfrentar solo a FIMI
Después de analizar cientos de operaciones de FIMI, el informe llega a una conclusión: ningún país puede enfrentar esta amenaza por sí solo.
Las campañas cambian de idioma, de plataforma y de narrativa, pero cruzan fronteras con la misma facilidad. La respuesta, por lo tanto, también debe ser internacional.
Para lograrlo, el informe propone un cambio de estrategia. Entre sus principales líneas de acción destacan:
- Pasar de una respuesta reactiva a una estrategia anticipatoria, capaz de actuar antes de que las operaciones produzcan impacto.
- Atacar la infraestructura que sostiene las campañas FIMI, incluidos sus intermediarios, proveedores y redes de apoyo.
- Elevar el costo de operar, mediante sanciones, acciones legales y otras herramientas que desincentiven este tipo de actividades.
- Reducir la capacidad operativa de los actores de FIMI, minando sus recursos, su infraestructura y sus mecanismos de coordinación.
- Fortalecer la cooperación internacional, porque ninguna democracia dispone por sí sola de todos los instrumentos necesarios para enfrentar una amenaza que no reconoce fronteras.
Quizá esa sea la mayor enseñanza del informe.
Hasta hace algunas décadas, las fronteras protegían a los Estados de las amenazas que llegaban por tierra, mar o aire.
Hoy muchas de ellas viajan por el espacio informativo. Y para defenderlas ya no bastan soldados, muros o aduanas. Hace falta proteger el recurso más valioso de una democracia: la confianza pública.
Como advirtió Kaja Kallas, “el espacio informativo es una primera línea de defensa de la democracia”.
Para leer este informe
Este texto se basa en el Cuarto Informe FIMI del Servicio Europeo de Acción Exterior.
Se trata de un documento elaborado por el órgano diplomático de la Unión Europea y, como tal, refleja la manera en que ese bloque interpreta las amenazas a su seguridad y refleja sus prioridades e intereses.
Ese contexto no resta valor a sus hallazgos, pero sí ayuda a comprender el enfoque desde el que fueron elaborados.