Cámaras de eco y desinformación: el impacto del algoritmo en redes sociales

Hiciste clic en un video de gatitos, le diste “me gusta” y hasta lo compartiste. Luego de eso, el contenido sobre gatos te empezó a inundar. No tienes mascotas (por ahora), pero la publicidad de la red social que usaste ya te recomienda comida y juguetes gatunos. Todo es culpa del algoritmo de las redes sociales.
Se trata de una serie de procesos que influyen qué tipo de contenidos consumes. Funciona con gatos, pero también con temas que podrían ser más importantes, como trastornos alimenticios, discursos de odio o teorías de la conspiración.
Estos procesos son diferentes para cada red social, pero comparten el mismo objetivo: mantenerte el mayor tiempo posible en la plataforma para monetizar con tu atención.
Investigaciones académicas han encontrado que estos algoritmos cambiaron la forma en la que consumimos noticias, nos hacen vulnerables a la desinformación y hasta ponen en riesgo el desarrollo cognitivo de las personas sobre todo de infancias y adolescentes.
Es decir, puede afectar el proceso mediante el cual una persona adquiere organiza y emplea capacidades mentales como la memoria, la atención, el lenguaje y el razonamiento para comprender su entorno.
¿Cómo funciona el algoritmo?
Los algoritmos de redes sociales funcionan exactamente igual que una operación matemática: usan números y signos para transformarlos en un resultado mediante reglas específicas.
En este caso, se trata de algoritmos computacionales, algunos impulsados por inteligencia artificial. Aunque las reglas son diferentes para cada red social, los elementos que utilizan principalmente son:
- Información personal: aspectos como tu expresión de género, edad, ocupación, ubicación y toda la información que le hayas dado a la plataforma.
- Comportamiento: las interacciones como likes o comentarios, el horario en el que utilizas las aplicaciones y el tiempo que dedicas a cada contenido.
- Contenido: el formato y la información de la publicación, incluyendo hashtags, descripciones o etiquetas.
A esto se le suman algunas reglas específicas. Por ejemplo, hay plataformas que dan prioridad a materiales creados con sus herramientas y menos visibilidad a enlaces externos.
El resultado de todo esto son contenidos personalizados y diferente para cada persona usuaria en cada red social.
En otras palabras, los algoritmos de las redes sociales son sistemas de recomendación. Analizan señales como las publicaciones que ves, los videos que terminas, los «me gusta», los comentarios, las cuentas que sigues y el tiempo que pasas en cada contenido. Con esa información predicen qué publicaciones tienen más probabilidades de interesarte y deciden cuáles mostrarte primero.
Sin embargo, las plataformas no son transparentes y no sabemos exactamente cómo operan los algoritmos. Es como una receta secreta, pero sólo muestra los ingredientes, no el procedimiento.
Por eso, el investigador chileno Sebastián Valenzuela se refiere a ellos como una caja negra: sabemos la información de entrada y de salida, pero no el funcionamiento interno.
En conjunto, eso explica por qué hay ocasiones en las que ves más videos cortos sobre plantas en verano y menos fotos de las vacaciones de tus amistades.
¿Cómo nos afecta el algoritmo?
Hay muchas formas en las que la personalización de los contenidos puede influir en nuestra vida, más allá de comprar comida para gato, aunque no se tenga uno.
Como te contamos en esta otra nota, nuestro cerebro suele caer en mentiras debido a diversos procesos neuronales que ayudaban a nuestros ancestros a sobrevivir, pero que ahora nos ponen en riesgo en el mundo digital.
Uno de ellos es el fenómeno conocido como cámara de eco y hace referencia a cómo los algoritmos de redes sociales nos dirigen a un lugar donde sólo hay contenidos similares o afines a nuestro pensamiento. Esto hace que la desinformación sea creíble, pues ya fue validada y compartida por personas con nuestras mismas ideas, dando lugar al sesgo de grupo.
Isabella Cordenau, académica del Instituto Ortega y Gasset, explica que los algoritmos no favorecen las mentiras directamente. Lo que optimizan es la interacción a través de las emociones.
Organizaciones como el Centro para la Lucha contra el Odio Digital han señalado que los algoritmos de redes sociales son diseñados sin tomar en cuenta la seguridad de las personas usuarias. Por ejemplo, documentaron cómo los algoritmos de YouTube y TikTok recomiendan contenido perjudicial sobre trastornos alimenticios, salud mental y prácticas dañinas de dietas extremas a cuentas identificadas como niñas y adolescentes.
Investigaciones académicas también demuestran cómo el algoritmo puede priorizar posturas políticas. Por ejemplo, una investigación publicada en la revista Nature en 2026, encontró que el algoritmo de X “promueve el contenido conservador y degrada las publicaciones de los medios tradicionales”.
Aunque no está claro cómo las redes sociales impactan neurológicamente a las personas, se ha estudiado cómo el sistema de recompensa del cerebro fomenta la adicción a las redes sociales.
La personalización de los contenidos que se logra gracias a los algoritmos puede considerarse como un refuerzo positivo que motiva el uso prolongado de las plataformas.
¿Cómo podemos salir del algoritmo?
“Por mucho poder que tengan las plataformas y sus algoritmos sobre nosotros, también es verdad que los algoritmos no borran la agencia (poder de decisión) de los usuarios para enfrentar, domesticar o apropiarse de los medios y sus algoritmos”, señaló Sebastián Valenzuela en una conferencia de 2024 organizada por la UNESCO.
De acuerdo con el especialista, cuando las personas comprenden cómo funcionan los algoritmos pueden adoptar diversas estrategias para aprovechar sus ventajas así como limitar sus desventajas.
Entre las principales recomendaciones de especialistas y organizaciones como Digital For Life para reducir la influencia del algoritmo encontramos:
- Establece límites de tiempo en el uso de redes sociales y genera “higiene digital”, por ejemplo, reserva espacios del hogar libres de dispositivos.
- Sigue una combinación de cuentas que ofrezcan perspectivas equilibradas y diversas.
- Marca las publicaciones como «no me interesan» cuando el contenido sea demasiado repetitivo.
- Revisa tus preferencias de anuncios para limitar cómo se personalizan en función de tu actividad. Puedes encontrarlo en la sección de “ajustes” o “configuración” de las aplicaciones que usas.
- Comenta con familiares y amigos los temas y opiniones que encuentres en internet para escuchar diferentes puntos de vista.
Así que la próxima vez que veas una recomendación del algoritmo, recuerda que puedes cuestionar lo que ves y no creer en todo lo que te muestra.