INE: claves de un consenso. Columna del Consejero Ciro Murayama, publicada en Milenio

Escrito por: INE
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La designación por el consenso de todos los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados de cuatro consejeros del INE es una buena noticia para la democracia mexicana. En el clima de crispación política que impera, dicha designación significa incluso una grata sorpresa. Eso hace del acuerdo político, escaso en estos tiempos, algo más valioso aún, por lo que conviene intentar identificar las claves de ese acierto democrático.

Primero: reglas constitucionales que favorecen el consenso. El nombramiento de los consejeros del INE, como ocurría con el IFE, debe darse por la mayoría calificada de dos terceras partes de la Cámara de Diputados y no basta con la mayoría simple. Como desde hace más de dos décadas ningún partido ha obtenido más de 40 por ciento de la votación ciudadana a la Cámara, la construcción de una mayoría calificada suele ser, en efecto, la suma de fuerzas políticas diferentes y hasta antagónicas en un amplio acuerdo pluripartidista.

En segundo lugar, la Constitución contempla que un comité técnico de evaluación conforme una quinteta de aspirantes por cada vacante en el Consejo del INE. Se introduce entonces una criba técnica y no política de los finalistas. Eso hicieron seis de los integrantes del Comité Técnico este año. Así, los diputados habrían de elegir entre perfiles debidamente acreditados.

Como a veces los grupos parlamentarios no logran el acuerdo con dos terceras partes de los votos, y para evitar que el Consejo del INE quede incompleto, la Constitución señala que en tal caso se hará una insaculación por cada quinteta incluso por la Suprema Corte. Eso es un acicate para que los legisladores hagan política. Esta regla del sorteo en ausencia de acuerdo político fue la que hizo inviable la pretensión de un grupo de diputados de descarrilar el proceso y desconocer las quintetas.

Lo básico, como diría Perogrullo: las reglas importan y ayudan si están bien hechas.

Segundo: el buen arte de la política es insustituible. Por mejores reglas e instituciones que se disponga, si los políticos carecen de reflejos y hábitos democráticos las cosas pueden salir mal. Así ocurrió cuando en 2003 se ignoró la importancia del consenso en la renovación del entonces IFE y se sembró la manzana de la discordia del conflicto postelectoral de 2006.

Este año, hay que reconocerlo, el presidente de la Junta de Coordinación Política y los demás integrantes de ese órgano se desmarcaron del discurso excluyente, se escucharon, acercaron posturas, trabajaron durante horas buscando acuerdos y llevaron al pleno de la Cámara cuatro propuestas por unanimidad.

Políticos que saben que el otro puede tener razón, que reconocen que hay que ceder para construir, son indispensables en la vida democrática.

Tercero: el monitoreo ciudadano del proceso de designación. El INE tiene la ventaja de ser una de las instituciones más escrutadas, visibles y exigidas por la opinión pública. Su renovación fue seguida con lupa. Casos como los que se vieron en la designación de integrantes de la Comisión Reguladora de Energía, con aspirantes que no conocían ni la materia de trabajo, habrían sido aquí imposibles. Los colectivos que se han organizado exigiendo respeto a la autonomía y rendición de cuentas, la no designación de “carnales”, “cuotas” o “cuates”, ayudó. Bajo la linterna de la observación ciudadana el parlamento funciona mejor, hay menos espacio para la opacidad y los abusos pueden tener costos políticos mayores.

Reglas claras que se respeten, actores políticos dispuestos al acuerdo con los adversarios y un férreo escrutinio ciudadano son tres factores clave que explican el consenso en la renovación de consejeros del INE. Apreciemos la lección.

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