Intervención de Dania Ravel, en la primera videoconferencia #INE Incluyente: La inclusión de las mujeres en la democracia

Escrito por: INE
Tema: Consejeras y Consejeros Electorales

 

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DE LA CONSEJERA DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, DANIA PAOLA RAVEL CUEVAS, EN LA PRIMERA VIDEOCONFERENCIA #INE INCLUYENTE: “LA INCLUSIÓN DE LAS MUJERES EN LA DEMOCRACIA”

 

Muy buenos días a todos ya todas, muchas gracias porque nos acompañen en esta primera videoconferencia de #INE Incluyente.

Quiero platicarles que este proyecto lo iniciamos como parte de las actividades que desarrollamos desde la Comisión de Igualdad de Género y No Discriminación durante este periodo de contingencia y tiene la finalidad de visibilizar los contextos de desigualdades que enfrentan diferentes sectores de la población que han sido históricamente discriminados.

Queremos crear una vía que nos permita dialogar y reflexionar sobre los retos que aún enfrenta nuestra democracia.

El día de hoy tenemos el gusto de contar con la doctora Georgina Cárdenas Acosta, desde luego su presencia es virtual como es lo normal en este periodo ahora. Ella socióloga por la UAM, maestra en Estudios de Género por El Colmex y doctora en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia; además, realizó un postdoctorado en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.

La doctora nos hablará de la inclusión de las mujeres en la democracia.

Y lo primero que quizás se pregunten es: ¿Por qué abordar este tema? Y la respuesta desde mi perspectiva es muy sencilla, ya que, aunque a muchas personas nos parezca obvio que las mujeres al ser la mitad de la población y, sobre todo, al ser personas, formemos parte de las decisiones de la vida pública y política de nuestro país, aún hoy en nuestros días hay resistencias para que esto ocurra y esto se sustentan en una cultura patriarcal que no da cabida a las mujeres en espacios de reconocimiento público.

Cuando digo esto no puedo evitar recordar a Fátima Mernissi, ella era doctora en sociología marroquí, y además se había dedicado, o se dedicó toda su vida a hablar del feminismo desde el ámbito de la cultura musulmana.

Y ella decía algo muy interesante con relación a esto, que no era que las mujeres no fuéramos bienvenidas en todos los espacios, que las mujeres no éramos bien recibidas cuando hacíamos nuestra aparición en donde nadie esperaba vernos, y nadie espera vernos ahí donde se toman las decisiones

Y me parece que esta frase resume muy bien de qué se trata un sistema patriarcal. El punto es que un sistema patriarcal quiere indicarnos cuál es el lugar que nos corresponde en la sociedad y cuáles es el rol que debemos de desempeñar, y uno de los roles que se considera que no deben desempeñar las mujeres es justamente en el ámbito político. Por eso no es gratuito que una de las principales luchas de los movimientos feministas y de mujeres haya sido el reconocimiento y garantía de los derechos político electorales, principalmente el derecho a votar y ser votadas.

En pocas palabras, el derecho a decidir en asuntos públicos y a ser partícipes en la conducción de nuestro país.

En México estos derechos se vieron plasmados en la Constitución en 1947 para que las mujeres en México pudieran tener derecho a votar y ser votadas a nivel municipal, y después, en 1953 a nivel federal.

Y la verdad es que tengo la impresión que, cuando llegamos a este punto hubo como un periodo en donde no vimos muchos movimiento sociales de mujeres porque se quedaron con la idea de que, bueno pues ya tenían igualdad de derechos en la Constitución, ya tenían igualdad de derechos por ende en las leyes, y era cuestión de dejar pasar el tiempo y de manera paulatina las mujeres se fueran incorporando poco a poco a los cargos de decisión pública.

Sin embargo, casi 40 años después eran muy pocas las mujeres, no sólo que estaban en cargos públicos, sino, incluso, que eran postuladas para ser candidatas. Hablamos de la década de los 90 en donde teníamos de 500 diputaciones solo 44 ocupadas por mujeres.

Y ustedes dirán, y si simplemente no había mujeres capaces de estar en esos puestos o a la mejor a las mujeres no les interesaba la política, más allá del hecho de que las que intentaban incursionar en política se quejaban de que no les daban oportunidades de crecimiento y, sobre todo, pues no las postulaban para ser candidatas.

Hablemos de hechos y no de dichos.

En 1993 ante esta situación evidente el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales recomendó a los partidos políticos promover una mayor participación de las mujeres en la vida política del país a través de su postulación a cargos de elección popular.

Como esto resultó, como dice por ahí coloquialmente, “un llamado a misa que nadie atendió”, en 1996 la Ley intentó ser un poco más clara, de tal forma que los partidos políticos no pudieran decir “no, pues es que hicimos el esfuerzo por incorporar a más mujeres y el esfuerzo se ve plasmado en el hecho de que, a diferencia de la elección pasada postulamos una mujer más”, entonces se les puso un porcentaje y el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales de ese momento le recomendó que las candidaturas que hicieran no excedieran del 70 por ciento por un mismo sexo.

Sabemos que esto significa que, por lo menos el 30 por ciento de las candidaturas se dieran a mujeres porque siempre se dejaba el porcentaje más bajo para las mujeres.

Con la finalidad de acercarnos a parámetros más justos, este porcentaje se incrementó en 2007 a 40 por ciento, pero les prometí hablar de hechos y no de dichos o percepciones, así que ahí les va el primer hecho que demuestra la resistencia a la que se enfrentan las mujeres para ocupar cargos públicos:

El caso de las llamadas “Juanitas”.

Como resultado de las elecciones federales de 2009, en donde por primera vez se utilizó esta regla de que se tenían que postular a 40 por ciento de mujeres para la Cámara de Diputados y Diputadas, fueron electas 141 mujeres, quienes tomaron protesta el 1° de septiembre de ese año.

A penas, dos días después, ocho diputadas, tres de PRI, tres del Verde, una del PRD y una del Partido de Trabajo, solicitaron al pleno separarse de sus cargos, por lo que tomarían su lugar sus suplentes, que en todos los casos eran hombres.

Meses después se repitió esta fórmula, pero bajo el pretexto de que tenían las legisladoras más de 10 faltas consecutivas y, por lo tanto, había que removerlas del cargo y tenían que tomar su lugar los suplentes que, de nueva cuenta, en todos los casos eran hombres.

Y con esto no quiero decir que les perdonemos a una legisladora por ser mujer el que no asista a las sesiones de la Cámara, por supuesto que no, lo que trato de evidenciar es que esto únicamente ocurría cuando los suplentes de las mujeres eran hombres.

Cuando cambiaron estas reglas con la finalidad de que estas cosas no pasaran, y ahora sabemos que la persona suplente de una mujer tiene que ser forzosamente otra mujer, pues esto no pasa.

Resulta que llegan las diputadas y no renuncian al día siguiente, o a los dos días de tomar protesta del cargo, y no faltan de manera injustificada. Se ve claramente una presión de quienes eran sus suplentes, que en todos los casos eran hombres, para propiciar que ellas renunciaran.

A todo esto, se sumaba el hecho de que empezaron a decir que las mujeres eran malas candidatas, que no ganaban elecciones, y que incluso, las propias mujeres no votaban por mujeres.

La verdad es que cuando veíamos los resultados pensábamos que quizá pudiera ser algo de cierto eso que decían, porque, efectivamente, no estaban ganando prácticamente las mujeres que postulaban en su totalidad.

Y después, al hacer un análisis más pormenorizado lo que descubrimos es que las mandaban a distritos perdedores. La mayoría de las candidatas uninominales eran postuladas en distritos que se consideran electoralmente débiles.

Es decir, donde el partido contaba con poco apoyo, o que históricamente había demostrado una baja votación.

Así, en la elección federal de 2009, 176 de las 249 candidatas de mayoría relativa del PRI, del PAN y del PRD fueron postuladas en distritos perdedores.

Y de ahí surgió lo que hacemos ahora en las autoridades electorales, tenemos que hacer bloques de competitividad para ver cuáles son los distritos más competitivos, los medianamente competitivos, y donde tiene menos posibilidades el partido político de ganar, para poder distribuir a ambos géneros en estos bloques de competitividad y evitar, que como lo hacían, manden exclusivamente a las mujeres a los lugares en donde no tienen ninguna posibilidad de ganar, o es muy difícil que ganen.

Ahí vemos de nueva cuenta con un hecho las resistencias para postular a mujeres y para evitar que lleguen a los cargos públicos.

A pesar de todos estos escenarios adversos y de resistencia en 2014 no podemos negar que vivimos uno de los logros más grandes de la lucha de las mujeres en materia política electoral.

La reforma de este año trajo consigo la incorporación del principio de paridad de género en las postulaciones para legisladores federales y locales.

Eso significó la eliminación de las llamadas cuotas de género, porque hay que decir que la paridad es el reconocimiento al derecho de las mujeres para ocupar en igualdad de condiciones los espacios que les corresponden.

Ahora, hay personas que creen que en la actualidad ya no hay un contexto adverso para que las mujeres incursionen en la política, y que es totalmente innecesario tomar acciones afirmativas a su favor.

De nuevo trataré de demostrarles con hechos cómo sí lo hay aún en nuestros días. Y vayámonos a algo bastante reciente, las elecciones de 2018, el llamado caso de las “Juanitas”.

¿Qué fue lo que ocurrió? Que en Chiapas después de la Jornada Electoral se empezaron a recibir en el Organismo Público Local Electoral de Chiapas muchas renuncias de mujeres a las cuales les podría corresponder un lugar por la vía de Representación Proporcional, ya sea en el Congreso del estado, o en los ayuntamientos. Y se llegaron a acumular hasta 77 renuncias.

Cuando se les preguntaba a las mujeres por qué estaban renunciando, resulta que sus propios partidos políticos las habían engañado, y les decían que era lo que les correspondía hacer después de la Jornada Electoral y, desde luego, les habían ocultado que podían ellas tener oportunidad de ocupar un lugar por la vía de Representación Proporcional.

Uno de los fenómenos más peculiares de este caso es que renunciaban todas las mujeres que estaban inscritas en la planilla de un partido político.

¿A qué nos llevaba esto? A que tenemos las autoridades electorales la regla de que, si por algún motivo no se puede asignar el lugar a la persona que está inscrita en el primer lugar de la lista de ese partido político y, digamos, es una mujer, se tiene que respetar el género y, por lo tanto, ese lugar cedérselo a la que estuviera inscrita en el tercer lugar, o en el quinto lugar, o así sucesivamente, hasta que encuentres a una persona que cumpla con los requisitos y que pueda estar en el puesto, pero que respete el género que se tiene que asignar ese lugar.

Entonces, parece ser que los partidos políticos que iniciaron estas cosas lo que pensaron fue, pues vamos a hacer que renuncien todas las mujeres y con eso propiciamos y obligamos a las autoridades electorales a que forzosamente en ese cargo pongan a un hombre, porque ya no va a haber mujeres para poderlas designar.

Si sabemos que el desenlace de este caso es que el INE atrajo el asunto para establecer un criterio general, en donde señaló con mucha puntualidad, que un lugar que debía corresponder a una mujer debería ser ocupado por una mujer, y que, si por algún motivo extraño el partido político en su planilla ya no tiene mujeres, pues entonces se le preguntaría si todavía tiene alguna mujer que estuviera postulada por la vía de la mayoría relativa que no hubiera ganado. Si no la tiene, pues mala suerte para ese partido político porque va a perder su lugar, y ese lugar va a pasar a otro partido político que sí tenga mujeres.

Ahora, también en el marco de la elección de 2018, pero éste es un asunto que llegó hasta 2019, tenemos el caso del Congreso de Guerrero. Ahí el Partido Verde registró cuatro fórmulas de diputaciones locales por Representación Proporcional en Guerrero, la primera mujer, la segunda hombre, y sabemos que la regla lo que nos establece es que los géneros se tienen que intercalar. Entonces, la tercera persona era mujer, y la cuarta persona era hombre.

Una diputada electa, que desde luego estaba en el primer lugar fue la que tomó protesta el 1°de septiembre de 2018 y solicitó licencia el 22 de octubre. Ese mismo día la suplente tomó protesta, ese mismo día después de que tomó protesta la suplente tuvo que entrar porque ella renunció.

Entonces, el 6 de febrero después de eso, ella también pide una licencia, en ambos casos ellas argumentaron que estaban pidiendo licencia por motivos personales.

El día en que la suplente dejó el cargo, el que estaba en segundo lugar que, desde luego, era un hombre, pidió ocupar ese puesto; sabemos que las reglas lo que establecerían, es que se tiene que seguir el género de la persona a la cual le habían asignado ese puesto y, por lo tanto, no debía ocupar ese lugar el hombre que estaba inscrito en segundo lugar, sino las que estaban inscritas en tercer lugar.

Las diputadas del Congreso se quejaron porque hicieron notar esto, que se tenía que respetar el género; sin embargo, de todas maneras este señor tomó protesta apenas se fue la suplente de la diputada.

El asunto llegó hasta la Sala Superior y la Sala Superior determinó que, efectivamente, se tenía que respetar el género de la persona que ocupaba ese puesto y, por lo tanto, se pasó el lugar a la diputada que estaba inscrita en tercer lugar.

Lo que quiero resaltar con esto es que, esto parece que fue un artilugio con la finalidad de darle la vuelta a las reglas de paridad. Sabemos que después del caso de las llamadas “Juanitas”, la persona suplente de una mujer tiene que ser una mujer.

Entonces, pues en este caso, cuando renunció la propietaria subió la suplente que también era mujer, pero lo que hicieron fue, meses después, hacerla también dejar el cargo y con eso, ya sin tener a la mejor los reflectores de que acaba de pasar una elección, propiciar que ese lugar lo ocupara un hombre.

Además, en el caso del Congreso de Guerrero, hay que decir que es uno de los congresos que tiene menor presencia femenina, sólo un 41 por ciento de mujeres, colocándose con eso dentro de los tres estados con congresos que tienen menor número de mujeres.

Otro hecho actual son las gubernaturas. Parece que las gubernaturas es un cargo vedado para las mujeres; en toda la historia de México, solamente hemos tenido nueve gobernadoras, de las 32 entidades federativas, sólo seis han tenido alguna vez a una mujer como gobernadora: Ciudad de México, Colima, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas, lo que representa el 18.75 por ciento del total de las entidades, pero quizá lo más preocupante no sea solamente que casi no hemos tenido gobernadoras en toda nuestra historia democrática, sino que, además, pues tampoco las están postulando.

Prácticamente no hay candidatas para ese puesto de elección popular, solamente para mencionar algunos ejemplos en las últimas elecciones: en 2015 se renovaron nueve gubernaturas, el 81 por ciento de las candidaturas para esas gubernaturas eran hombres; en 2016 se renovaron 12 gubernaturas, el 83 por ciento de los candidatos eran hombres; en 2017 se votaron para renovar tres gubernaturas, el 80 por ciento de las candidaturas eran para hombres.

En 2018, nueve gubernaturas fueron las que se renovaron y se postularon como candidatos el 78 por ciento, puros hombres, casi. En 2019 se renovaron dos gubernaturas, de Baja California y de Puebla, el 100 por ciento de las personas candidatas para ese puesto, fueron hombres; no postularon a una sola mujer, pues, desde luego, si nos las postulan, pues no las vamos a ver nunca como gobernadoras.

Y a todo esto se suma la violencia política contra las mujeres por razón de género que provoca que aun y cuando lleguen a los cargos, no pueden ejercer el puesto con normalidad.

Tres ejemplos recientes: el caso del Congreso de Morelos, en donde un diputado para descalificar a todas las diputadas, les dijo textualmente lo siguiente: “lamentablemente usadas y por el tema de género, porque sus maridos no pudieron ser diputados y las pusieron a ustedes. Y no me doblo, a chillidos de marrano, oídos de carnicero, al chile pelón, les duele y les lastima. Lo siento compañeras, para qué se meten en esto, es lo malo de sacar a las personas de la cocina y darles una curul”.

En el Congreso de San Luis Potosí, un diputado para descalificar a una diputada, dijo que lo que pasa es que no podía debatir con ella temas de seguridad pública, porque como era mujer, no le daba el nivel de debate que requería. Textualmente dijo que “por ser mujer no podía discutir a su nivel, precisamente porque no podía darle la calidad”.

En el Organismo Público Local Electoral de Puebla, en el marco de un debate del Consejo General, un representante de un partido político le dijo a otra representante de un partido político que ella lo que necesitaba era un terapeuta sexual, porque estaba mal atendida.

Todos estos casos evidencian una razón de género; es decir, son agresiones que se basan en estereotipos y roles de género en lo que se supone debe ser una mujer o en el lugar que supuestamente le corresponde, por lo que no puedo dejar de celebrar las recientes reformas en materia de violencia política contra las mujeres por razón de género.

Finalmente, concluyo diciendo que la participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones no es una concesión ni depende de la voluntad de los actores políticos. Los derechos humanos de las mujeres no son negociables, y las acciones afirmativas son sólo un instrumento que nos permite sentar condiciones para hacer efectivos estos derechos.

Así que, no me queda más que cederle la palabra a la doctora Georgina Cárdenas Acosta y recordarles que al final de su presentación, podremos contestar algunas preguntas que nos hagan llegar mientras ella está exponiendo.

Muchas gracias y, adelante, doctora.

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