La IA y la crisis de la verdad: las advertencias de la CEPAL

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La IA y la crisis de la verdad: las advertencias de la CEPAL

La inteligencia artificial (IA) ha abierto una nueva disputa por el poder: la capacidad de influir en lo que millones de personas creen, en la información que consideran como verdadera y en las decisiones que toman a partir de ella.

Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la posibilidad de fabricar imágenes, videos y audios falsos, cada vez más difíciles de distinguir de los auténticos, plantea nuevos riesgos para la confianza pública, los procesos electorales y la estabilidad de las democracias.

La advertencia forma parte de “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica”, un informe publicado en agosto de 2026 por una comisión convocada por la CEPAL.

Su apartado “Ruptura 6: Desinformación y crisis de la verdad en la era de la IA”, examina las consecuencias de esta transformación.

Para comprender cómo llegamos hasta la situación que describe el informe, hay que retroceder algunos años, cuando la Inteligencia Artificial todavía estaba lejos de convertirse en una herramienta cotidiana (y tan poderosa).

2010: comienza la gran aceleración

La Inteligencia Artificial llevaba décadas de investigación cuando, en 2010, coincidieron tres factores que cambiaron y aceleraron su desarrollo: el auge del aprendizaje profundo, la disponibilidad de enormes cantidades de datos y una expansión extraordinaria de la capacidad informática.

El aprendizaje profundo (deep learning) permite a las computadoras aprender de numerosos ejemplos y reconocer patrones para realizar tareas como identificar rostros, distinguir objetos en imágenes o procesar y recrear el lenguaje humano.

Las cifras recogidas por la CEPAL ilustran la aceleración de esta tecnología: antes de 2010, la capacidad de cálculo utilizada para entrenar modelos de IA se duplicaba aproximadamente cada 21 meses. Después, ese periodo se redujo a seis meses y, después, a menos.

Estos avances impulsaron la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), capaz de producir textos, imágenes y otros contenidos. Faltaba, sin embargo, que sus capacidades llegaran al público masivo.

2022: ChatGPT lleva la IA a millones de personas

El 30 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT.

Bastaba escribir una pregunta o una instrucción para obtener una respuesta, un resumen o un texto elaborado por inteligencia artificial, sin necesidad de conocimientos técnicos especializados.

Para la CEPAL, ese momento representó un segundo punto de inflexión: “El salto dado no fue sólo tecnológico, sino también social, cultural y político”.

Las herramientas que permiten generar contenidos útiles también pueden fabricar fotografías de acontecimientos inexistentes, clonar voces o crear videos de escenas que nunca ocurrieron. La tecnología amplió las posibilidades de creación, pero también las de falsificación.

La nueva etapa: cuando lo falso parece verdadero

aLa desinformación no nació con la Inteligencia Artificial. Pero sus efectos adquieren una dimensión inédita cuando los contenidos falsos pueden confundirse con testimonios auténticos.

En su reporte, la Comisión recupera una reflexión de Rebeca Grynspan, economista y diplomática costarricense, secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD):

“Nos enfrentamos a esta cuestión en una época en la que la información abunda, pero en que la verdad es esquiva”.

La desinformación y el funcionamiento de los algoritmos de las redes sociales han demostrado capacidad para intentar alterar procesos electorales, polarizar sociedades e incluso agravar conflictos armados.

La organización, en su documento, cita a Yuval Noah Harari, historiador y escritor israelí, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y autor de libros como Sapiens y Nexus, quien advierte sobre las “armas de destrucción masiva sociales, como las historias que socavan nuestros lazos sociales”.

La reflexión apunta al daño que determinados relatos pueden causar a los vínculos que mantienen unidas a las sociedades.

La disputa por la verdad llega al terreno geopolítico

La competencia internacional por el liderazgo en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (que disputan principalmente Estados Unidos y China) no se limita a sus aplicaciones económicas o militares.

Según la Cepal, también “afecta la capacidad de definir qué se puede considerar verdadero en la esfera pública mundial”.

Esa capacidad puede ser utilizada por gobiernos y otros actores para influir en la opinión pública, alterar la circulación de información estratégica y debilitar las instituciones democráticas.

“El uso malintencionado de la IA Generativa ha abierto una nueva dimensión en el ámbito del poder internacional”, advierte el reporte.

El próximo salto: la inteligencia artificial general

La Inteligencia Artificial General (IAG) todavía no existe en los términos descritos por la CEPAL. A diferencia de los sistemas actuales, “la IAG tendría la capacidad de realizar cualquier función cognitiva humana con una eficiencia igual o superior”.

Su eventual aparición podría dar lugar a agentes autónomos capaces de ejecutar ciberataques a gran escala sin intervención humana directa, con posibles consecuencias para infraestructuras críticas, sistemas financieros y redes de comunicaciones.

La Comisión cita un trabajo de Chorev y Predd, publicado en 2025, para explicar que la aparición de actores no humanos capaces de tomar decisiones estratégicas podría complicar la identificación de los responsables de esos ataques y plantear nuevos desafíos para la seguridad internacional.

El desafío de establecer reglas

Frente a los riesgos actuales de la Inteligencia Artificial y los que podrían surgir con sistemas dotados de mayores niveles de autónomía, la organización sostiene que “estas amenazas exigen una reconsideración profunda de los marcos regulatorios y las estructuras de gobernanza”.

La advertencia plantea una cuestión que trasciende la tecnología: ¿cómo proteger la confianza pública, la democracia y la seguridad internacional ante capacidades tecnológicas que avanzan más rápido que las reglas para regularlas?

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