Discurso de Lorenzo Córdova en la inauguración del Foro Política y elecciones en México: cuatro décadas de logros y desafíos. Reflexiones a 40 años de la reforma de 1977

Escrito por: INE
Tema: Consejero Presidente

Muchas gracias, muy buenos días a todas y todos ustedes.

Es un honor verdaderamente estar esta mañana conmemorando el 40 aniversario en el contexto del recién iniciado proceso electoral más grande de la historia de nuestro país, aquí en nuestra Facultad de Derecho.

Señor Director, muchísimas gracias por acoger esta iniciativa y señor Rector muchísimas gracias por distinguirnos, no solamente como universitarios, sino como miembros de una comunidad académica comprometida con el Estado de Derecho y con la Democracia.

Estimada Presidenta del Tribunal Electoral, Magistrada Presidenta; estimado señor Fiscal; estimados amigos, colegas integrantes de este claustro académico; distinguidos ponentes de este Foro.

Hace 40 años inició una serie de profundos cambios que han transformado radicalmente el país, se trata de un proceso evolutivo, pausado y gradual pero que ha cambiado la faz radicalmente de nuestra sociedad, de nuestro país.

Entonces hace 40 años, en un contexto de un candidato único a la Presidencia, teníamos un sistema de partidos cerrado, excluyente y estático; un sistema de partidos, por cierto, que sirvió en su momento como ejemplo para que el maestro Giovanni Sartori ejemplificara el sistema de partido hegemónico, lamentablemente, con el caso mexicano.

Teníamos un sistema de partidos, estático y endogámico. Un sistema en donde el pluralismos era testimonial a pesar de que el mismo desbordaba desde hacía al menos una década los cauces institucionales.

Nunca como hace 40 años, el país legal, distaba tanto del país real, entonces, todos los gobernadores, todos sin excepción, pertenecían a un partido político, todos los senadores, todos sin excepción pertenecían a ese mismo partido político.

Todos los congresos, el federal y los de las 31 entidades federativas gozaban de una mayoría calificada predefinida que les permitían, por un lado, a una sola fuerza política, cambiar la Constitución federal a su antojo, y por otro lado, manipular las constituciones de los estados sin tener siquiera una mínima interlocución o cumpliendo al menos solamente la formalidad de la interlocución con las exiguas oposiciones. La mayoría de las cuales estaban condenadas a subsistir en el marco de la ilegalidad.

Entonces, teníamos un país como lo reflejaba la representación total y absolutamente monocolor, marcado por algún caso esporádico excepcional y sin lugar a dudas golondrina que no hacía verano, de municipios gobernados por la oposición.

Entonces sabíamos todos los mexicanos que de cara a cada proceso electoral había un ganador predefinido.

Hoy tenemos un escenario radicalmente distinto, gozamos de un pluralismo que incluso a algunos molesta, pero un pluralismo rico, amplio, incluyente que se recrea elección tras elección y que no es, déjenme decirlo, un perjuicio, un pluralismo que hoy tenemos reflejado en el sistema de partidos es simple y sencillamente, el reflejo de lo que es la sociedad mexicana hoy.

Tenemos alternancias que se suceden periódicamente y enfatizo, la alternancia no es lo que hace las democracias, sino que la posibilidad real de la alternancia es lo que define a un régimen democrático, si la alternancia ocurre o no, hoy venturosamente es el resultado de los designios de la ciudadanía expresándose en las urnas.

Por cierto un dato al pie. En los últimos tres años, desde la reforma de 2014, esa reforma que nacionaliza o que constituye un sistema nacional de elecciones, hemos vivido el periodo más intenso de alternancia de toda nuestra historia política en el país. De 24 gubernaturas que se han disputado, 14 han sido, han implicado alternancias en el gobierno y lo mismo se replica en el plano municipal y en el plano de mayoría relativa en el ámbito de las elecciones de diputados locales y federales

El fenómeno de los gobiernos divididos ha cobrado carta de naturalización entre nosotros, al igual que la falta de mayorías predefinidas en los congresos. Hoy prácticamente en todo el país, todas las decisiones tienen que resultar producto de una negociación, de un consenso, de un acercamiento entre las partes, de eso que Hans Kelsen definía precisamente como la esencia y el valor primordial de la democracia: la tendencia hacia el compromiso.

Hoy vivimos una incertidumbre en prácticamente todas las elecciones, que es la única incertidumbre que se vale en democracia o de las pocas que se valen, la incertidumbre respecto del ganador antes que la elección se lleve a cabo.

Tenemos condiciones equitativas de la competencia como nunca antes había ocurrido y cualquier vínculo que queramos hacer entre las alternancias que efectivamente ocurren y las condiciones de equidad, no es una mera casualidad.

Y tenemos también mecanismos de garantía de los derechos político-electorales que hasta hace apenas un  par de décadas en México, no tenían un cauce legal para su protección.

La reforma de 1977, el arranque de esta historia, eso que algunos autores han definido como el momento que desencadenó la evolución política de nuestro país, se centró en tres ejes fundamentales que hoy parecen olvidados o parecen en todo caso, no recordarse.

El primero, la apertura del sistema de partidos políticos. Abrir la puerta para hacer del sistema de partidos, el reflejo de la pluralidad que existe en nuestra sociedad, pero sobre todo, influir en la ruta de la legalidad y de la institucionalidad a las diversas opciones políticas que se presentan entre nosotros.

En segundo lugar, como ya lo mencionaba nuestro director, se trató de la primera reforma que incluyó la figura del financiamiento público.

Se trata de una figura que tuvo una larga evolución en las subsecuentes reformas electorales, pero que hoy por hoy, se constituye en la base fundamental para conseguir al menos tres cosas: equidad en las condiciones de la competencia, transparencia al saber de dónde vienen con precisión, la mayoría de los recursos de que disponen los partidos políticos y tres, aumentar el grado de autonomía respecto de la dependencia que inevitablemente genera el financiamiento privado.

Quien financia la política, lo que los norteamericanos llaman the big money, no es filantropía, no lo es, no lo ha sido y no lo será.

Se trata de una lección que tenemos que recordar a 40 años para no perder hoy  lo que hemos ganado.

El pluralismo constituye -como decía-, parte de nuestra riqueza democrática. El financiamiento público, si bien hay que repensarlo porque hemos llegado a niveles que lejos de  generar fortaleza al sistema de partidos, constituyen incluso un incentivo perverso, pero una cosa es racionalizar el dinero que la sociedad le invierte a la política y otra cosa me parece, es renunciar al mismo, y con ello perder, justamente, lo que desde hace 40 años se buscó conseguir.

Y en tercer lugar: la representatividad de la pluralidad política. Sin duda, nuestra democracia tiene ámbitos de mejora.

Toda elección es una prueba del ácido de las reglas, de las instituciones y de los procedimientos electorales y al cabo de cada elección vale la pena hacer un corte de caja y hacer los ajustes necesarios al sistema electoral.

Insisto, nuestro sistema electoral es perfectible, sin lugar a dudas, pero hay tiempos para ello y sobre todo, la  perspectiva con la que los cambios a las normas que tienen que hacerse como suena la conseja popular, los temas calientes en tiempos fríos.

Que tienen que hacerse con la serenidad y la pausa que el tema amerita. Tienen que seguir tres ejes; la consolidación, el fortalecimiento y la evolución del sistema electoral, no su involución, ni debilitamiento.

Reglas estables y ciertas, son claves para inyectar la certeza, la estabilidad y por ende la confianza que requiere todo proceso electoral.

Hoy tenemos reglas complejas, pero son reglas que luego de tres años de la última reforma, se han demostrado factibles, se han demostrado practicables y se han demostrado comprensibles para la gran mayoría de los actores políticos y por ende, fuente de estabilidad, de la estabilidad que es indispensable para procurar la gobernabilidad en los tiempos electorales.

Termino señalando como lo hacia nuestro director, que nuestro país no está exento de problemas, parafraseando más de un siglo después a Don Andrés Molina Enríquez, los grandes problemas estructurales, los grandes problemas nacionales de nuestro tiempo: la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad, la inseguridad, son flagelos que hoy como pocas veces conviven y se retroalimentan nocivamente entre sí.

Sin embargo, frente a ello, el inicio de los procesos electorales nos abre una oportunidad, son las elecciones los momentos que se han dado las sociedades democráticas para discutir públicamente cuáles son los problemas que tenemos y cuáles son las mejores soluciones para enfrentarlos.

Desde este punto de vista, la elección en curso no debe verse como un problema más, sino como un espacio privilegiado para institucionalmente procesar nuestras diferencias y discutir de cara a la ciudadanía cuáles son las  mejores maneras de resolver nuestros problemas.

Tenemos una serie de tareas, quienes estamos aquí reunidos, que son irreductibles, para que esta elección vuelva a ser una elección en donde la democracia mexicana se recrea y se repiense hacia el futuro.

Las autoridades electorales, cumpliendo nuestro trabajo, sin estridencias, entendiendo nuestro rol, sin protagonismos indebidos, con apego a la ley; pero sobre todo asumiéndonos como responsables de la gobernabilidad política durante los procesos electorales.

En segundo lugar la academia, no solamente acompañando el trabajo, críticamente. Ojo, el trabajo de las autoridades y generándonos contextos de exigencia, sino también fungiendo ese rol pedagógico y explicativo de procesos tan complejos en contextos, en tiempos de falsas noticias, que es indispensable.

Y por otro lado, la ciudadanía tiene que lograr encauzar lo que venturosamente vimos hace unas semanas como producto de los trágicos acontecimientos, de los trágicos sismos del mes pasado; encauzar esa movilización ciudadana, hoy articulada una vez más en torno al valor de la sociedad, mañana articulada en torno a los valores y a los principios de la democracia.

Porque en México si algo hemos construido en estos 40 años, es que las elecciones no solamente son para los ciudadanos, sino que son hechas por los ciudadanos.

El próximo año vamos a requerir la movilización más grande de la historia, la movilización ciudadana más grande la historia.

El INE tendrá que visitar a 11 millones y medio de ciudadanos en sus casas, para convencerlos y entrenarlos para ser funcionarios electorales, y el día de la elección, el próximo primero de julio, prácticamente 1 millón 400 mil ciudadanos, algo que nunca había ocurrido en la historia, tendrán que recibir el voto de sus vecinos y contarlo.

Se trata de un desafío histórico, pero también quiero decirlo se trata de una oportunidad, a la que, creo, nos enfrenamos, nos encauzamos, nos encaminamos con pie firme si contamos, como siempre ha ocurrido, con el acompañamiento, como debe ser, de una institución académica como la Universidad, un acompañamiento crítico, pero un acompañamiento firme y permanente.

Señor Rector, desde aquí muchas gracias por el acompañamiento de los procesos electorales pasados, y muchas gracias por el rol protagónico, sin estridencias y sin excesos como siempre ha ocurrido de la Universidad, acompasando el trabajo de las autoridades electorales, sin dejar de exigirnos, pero sobre todo robusteciendo, como es la vocación de esta Universidad, la institucionalidad que en los últimos 40 años hemos construido.

Muchas gracias.

Versión estenográfica de la intervención del Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova, en la inauguración del Foro Política y elecciones en México: cuatro décadas de logros y desafíos. Reflexiones a 40 años de la reforma de 1977, realizado en el aula magna “Jacinto Pallares” de la Facultad de Derecho de la UNAM

-o0o-